Un poder que no se hereda

Múltiples especulaciones surgieron a partir de la muerte de Néstor Kirchner sobre lo que puede llegar a ocurrir en el plano político y económico.
Pero, por más que se esfuercen algunos habituales aplaudidores en afirmar que la presidenta Cristina Kirchner ocupará el mismo rol que tenía su marido, la realidad no tardará en mostrar que es algo impracticable: en las sociedades modernas el poder no se hereda, y mucho menos en un país como la Argentina.

“No hay algo como el poder que pudiera existir globalmente, en bloque o difusamente, concentrado o distribuido: sólo existe el poder que ejercen unos sobre otros”

Michael Foucault, filósofo francés (1926 -1984)

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Se construye poder ejerciéndolo, y es eso lo que constituirá, seguramente, el principal desafío para la primera mandataria, teniendo en cuenta que, desde que se sentó por primera vez en el sillón de Rivadavia, siempre estuvo a la sombras de su marido. Kirchner era su estratega para bien, o para mal: él fue quien tejió los armados políticos para que su esposa llegara al poder con más del 45% de los votos, pero también fue el artífice de grandes fracasos como las candidaturas testimoniales, o la feroz pelea política con el campo por la resolución 125.

No se ve, hasta el momento, la posibilidad de que haya cambios drásticos en el rumbo del Gobierno en el corto plazo, más allá de algún ascenso puntual. La Presidenta retomará sus funciones mañana, intentando con eso demostrar que el funcionamiento institucional está garantizado. Pero se encontrará con un escenario donde ya comenzaron las roscas de reposicionamientos entre intendentes, gobernadores y dirigentes políticos de la más variada índole, que incluyen a referentes del propio oficialismo, como así también del peronismo disidente. Es más, varios jefes comunales bonaerenses se reunieron en un famoso hotel de Capital Federal, el mismo día que murió Kirchner, para empezar a delinear los pasos a seguir.

Más allá de las diferencias que despierte su figura, el líder de la CGT, Hugo Moyano, dio dos definiciones claves luego de la muerte del ex presidente: habló de la necesidad de reorganizar el PJ y de unir al peronismo, es decir, convocar a los sectores que actualmente están dentro del Peronismo Federal o en los espacios críticos al kircherismo. Y es ésta, precisamente, una excelente oportunidad para Daniel Scioli de construir un armado político propio que no esté supeditado a los mandatos emanados desde la quinta presidencial de Olivos.

Scioli, en la semana que pasó, siguió su habitual libreto, que consiste en no sacar los pies del plato y darle públicamente pleno respaldo al Gobierno nacional. Es más, hasta puso a disposición de la Presidenta su cargo de sucesor de Kirchner en el Partido Justicialista, rol que le corresponde desempeñar por la estructura orgánica del partido, ya que el mandatario provincial es vicepresidente primero.

Pero es cuestión de rascar un poco la superficie de lo que se dice para darse cuenta que en el gobierno provincial, particularmente en la mesa chica del sciolismo, ya están trazando distintos escenarios y definiendo estrategias para cada uno de ellos.

Es prácticamente un hecho que el mandatario provincial seguirá adelante con su iniciativa de marcar, tibiamente, gestos de independencia, evitando polemizar en público, pero no sumándose a las acciones que puedan resultar contraproducentes con su propio proyecto político, y que tiene a la candidatura presidencial como uno de sus horizontes.

Estrechar la relación con los intendentes es clave para Scioli en este nuevo panorama, y más cuando muchos de ellos hace poco dudaban de la posibilidad de que el mandatario provincial logre equilibrar fuerzas con la Casa Rosada. Ahora que Kirchner ya no está, la situación es diferente y en el Conurbano están tomando nota de ello.

Scioli mañana reunirá a varios jefes comunales en La Plata. La excusa es darle un masivo apoyo al Gobierno nacional, pero el ex vicepresidente también intentará empezar a mostrarse como un posible nuevo referente de los barones del Conurbano y de los caciques territoriales, que conducen distritos que pueden ser definitorios en una contienda electoral. Esto incluye, claro está, a los peronistas díscolos como Pablo Bruera y Sergio Massa. Este armado podría ser el sustento del proyecto presidencial, aunque todo buen político sabe jugar a dos puntas, y por eso en la Casa de Gobierno bonaerense también están preparados para desempolvar el operativo reeleccionista, en caso de ser necesario. En definitiva, la política es el arte de lo posible.

Juan Gossen

gossen@diariohoy.net

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