LA HABANA.- En plena conmoción internacional por la muerte de un disidente político tras 85 días de huelga de hambre, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, se reunió ayer con su "amigo" Fidel Castro, de quien se quiso despedir antes de dejar la presidencia.
Lula visitó Cuba con el propósito de reafirmar el apoyo económico y político de Brasil a la isla. Antes de reunirse con Fidel, el mandatario brasileño había inaugurado junto con Raúl Castro las obras del puerto cubano de Mariel, a 50 kilómetros al oeste de La Habana, una remodelación financiada por Brasil y lugar que aspira a convertirse en una moderna terminal de contenedores.
Durante el recorrido, y en una reacción sin precedente, el presidente cubano lamentó la muerte del disidente Orlando Zapata Tamayo, aunque aclaró que en Cuba "no existen torturados ni ejecuciones".
Tras lamentar "profundamente" la muerte del disidente, Lula, dijo no haber recibido ninguna carta de medio centenar de presos políticos que le pedían interceder por la liberación de los prisioneros y se interesara por el caso de Zapata Tamayo. "Si las personas se dirigieran a la embajada brasileña (...), si trataran de entrar en contacto conmigo, yo jamas dejaría de atenderlos, lo que no puedo es llegar a un país y reunirme con un grupo de personas que dijeron que hablaron conmigo, cuando no hablaron", dijo Lula.



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