La movilización transversal combinó memoria, jóvenes y disputa política en un contexto de tensión con el discurso oficial y el desgaste del negacionismo.
Por Francisco Basualdo
A 50 años de la dictadura y en un nuevo 24 de marzo, una Plaza de Mayo colmada ratificó el consenso en derechos humanos y marcó un contrapunto con el gobierno de Javier Milei, en una jornada atravesada por la memoria, la masividad y la disputa política.
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Dos horas y media antes del inicio del acto central, el centro porteño ya estaba colmado. La Avenida de Mayo, entre la 9 de Julio y Plaza de Mayo, y las calles adyacentes aparecían saturadas de personas que llegaban de manera dispersa para participar de la convocatoria.
Consenso social en derechos humanos y clima político
Medio siglo después del inicio de la última dictadura, la masividad de la movilización volvió a poner en evidencia la persistencia de un amplio consenso social en torno a la defensa de los derechos humanos y la lucha histórica de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, protagonistas centrales de la jornada.
La convocatoria funcionó también como un límite al discurso negacionista impulsado desde el oficialismo.
La jornada se desarrolló en el segundo año de gobierno de Milei. Si en el primer 24 de marzo bajo su gestión las expresiones negacionistas generaron fuerte impacto, en esta oportunidad el clima pareció distinto.
La diversidad de actores presentes y la magnitud de la convocatoria sugirieron un desgaste de esa narrativa y reabrieron el debate sobre los alcances de la “batalla cultural” libertaria.
El acto central y la Plaza de Mayo
En ese contexto, la calle volvió a funcionar como espacio de reivindicación de consensos democráticos. A cinco décadas del quiebre institucional de 1976, la memoria se expresó no sólo como ejercicio conmemorativo, sino también como herramienta política activa capaz de interpelar al poder.
Memoria, verdad y justicia en Buenos Aires y en toda la Argentina. (Foto: La Izquierda Diario).
El escenario principal, montado de espaldas a la Casa Rosada y orientado hacia la Plaza de Mayo, se convirtió en el punto de confluencia de las distintas columnas a medida que avanzaba la tarde, más allá de sus matices políticos.
Durante la lectura del documento, los organismos destacaron el carácter colectivo de la convocatoria. “A 50 años del golpe genocida, estamos juntos nuevamente en esta histórica Plaza, y en todas las plazas del país, para reafirmar que la memoria se defiende luchando”, señalaron.
El texto también vinculó la conmemoración con la coyuntura social y económica. “Pasaron 50 años y seguimos luchando por Memoria, Verdad y Justicia. Por pan, salud y trabajo. Educación y vivienda”, afirmaron, mientras desde la plaza se respondía con consignas y aplausos.
En otro tramo, los organismos apuntaron contra la gestión nacional y denunciaron el retroceso de políticas públicas en la materia. “Actualmente hay un gobierno que no sólo es negacionista, sino que reivindica el terrorismo de Estado y el genocidio”, sostuvieron, y advirtieron sobre el “desmantelamiento de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia”.
Familias, jóvenes y trasvasamiento generacional
Entre los participantes predominaban las personas que asistían por fuera de estructuras orgánicas, aunque las columnas organizadas aportaron volumen. Familias, grupos de amigos, militantes independientes y sobrevivientes marcharon con fotos de desaparecidos, pañuelos blancos y banderas argentinas, en una escena atravesada por la emoción.
Desde el mediodía, las líneas de subte que conectan con el microcentro funcionaron al límite de su capacidad. Sin refuerzos, los vagones viajaban colmados y en algunos casos dejaron de detenerse en estaciones previas al centro, anticipando la magnitud de la convocatoria.
Uno de los rasgos más visibles fue la fuerte presencia de jóvenes. Hijos, nietos y bisnietos de la generación atravesada por la dictadura marcharon junto a sobrevivientes y militantes históricos, en una postal que reflejó el trasvasamiento generacional de la memoria.
Columnas políticas y sindicales
Con el correr de la tarde se definieron los movimientos de las principales columnas. La Unión Cívica Radical marchó desde su Comité Central, en Alsina y Entre Ríos, avanzando por Avenida de Mayo hasta sumarse a la concentración.
El Movimiento Derecho al Futuro, impulsado por Axel Kicillof, concentró en la Casa de las Madres de Plaza de Mayo, sobre Hipólito Yrigoyen, donde el gobernador habló antes de iniciar la movilización. La Cámpora, en tanto, repitió su tradicional recorrido desde la ex ESMA hasta Plaza de Mayo, con una parada en San José 1111 para saludar a Cristina Fernández de Kirchner.
Las organizaciones de izquierda desplegaron varios puntos de concentración en la zona de la 9 de Julio y sobre la propia avenida de Mayo. La CGT ingresó pasadas las 15 por Diagonal Sur, sumando su presencia a una movilización que ya mostraba una fuerte densidad humana en todo el centro histórico.



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