El intendente Carlos Arroyo no es un devoto del presidente de la Nación. El PRO es un socio minoritario en el armado local, pero fue decisivo en el arrastre del candidato presidencial de CAMBIEMOS, para acceder a la intendencia. Pero la agenda de problemas colapsó.
“No sé qué, pero algo van a hacer”, confió a mdphoy.com una fuente irreprochable, hay mucha preocupación. Y no era para menos, el intendente marplatense había tratado de burros al presidente de la Nación y a la gobernadora de su provincia. A ninguno de los dos se los verá por mucho tiempo en Mar del Plata.
Nunca desde 1983 a la fecha, General Pueyrredon había tenido tal grado de dependencia. No cierran ni las cuentas ni la política, esa lectura no escapa a la oposición, a la par que en el ámbito de CAMBIEMOS, las estocadas son propias de esmerados optimistas. Es tan insólita Mar del Plata, que conspira nada menos que contra quien detenta el mayor poder político que nunca se había acumulado en el país: Nación, provincia de Buenos Aires y Capital Federal.
“Le estamos haciendo precio”, dijo uno de los concejales opositores que no puede alzar su tono de voz debido a que la estrategia es apostar a un desgaste paulatino. Ya existen demasiadas observaciones en off y en privado, que no ganan ni el on ni la difusión pública, hasta por una cuestión de delicadeza. El entramado es de semejante complejidad, que nadie arriesga un pronóstico, aunque predomina sólo un diagnóstico, el tema es la medicina y la dosis por ahora es homeopática.
Tanto desde Balcarce 50 como desde el sillón de Mariú, reconocen que están ante un problema que la política debe decidir. Pero no hay protocolo para este tipo de situaciones, por falta de antecedentes. Ya la herencia y su judicialización cumplieron su fase, el avance de esa causa dejará en el freezer a los responsables. Se ha desarmado la carpa K y no hay retorno.
Sin auxilio de Provincia y/o Nación, la puerta de salida no tiene el letrero verde. Pero nadie apuesta por precipitar los hechos, aunque los márgenes se acotan inexorable e irreversiblemente. Este obligado recambio de funcionarios, acelerado por claras fallas de conducción, no es normal. Pero hay que admitir que semejante grado de desaciertos y situaciones comprometidas, responde a algún síntoma que no se ha revelado, pero ha comenzado a flotar en el ambiente que trasciende a la Gran Manzana citadina.
Sólo vamos a pararnos en una referencia. Un ex concejal del P.J, hombre del Puerto como Daniel Sosa, tuvo una frase de las que abundan en política. Fue suficiente para que la demorada renuncia de “Toty” Flores lo convirtiera en ex funcionario en cuestión de horas. Se trataba nada menos que el compañero de fórmula presidencial de Lilita.
En simultáneo la doctora Carrió increpaba a Mauricio en la Quinta de Olivos y pedía que Nicky Caputo vendiera sus empresas y que Daniel Angelici, se tomara un submarino y desapareciera como operador del presidente de la Nación en sedes tribunalicias. Es desopilante.
Este desquicio político debió haber sido evitado, causó un daño suplementario, encima la pócima vino con el agregado del sueldo del funcionario, un detalle que rebela y crispa si nos atenemos al contexto de la ciudad que es capital de la desocupación y el trabajo precario. Un verdadero descalabro, que necesita espaldas anchas, porque no es el único, sino que parecen coleccionistas que deberían llamar al humor, sino rondara una pesada sensación de incertidumbre que involucra a toda la ciudad, ya que los episodios se suceden.


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