Hubo tres intensas réplicas en 25 minutos y alerta de tsunami. Los presidentes invitados vieron cómo todo se movía. El sucesor de Bachelet viajó a las zonas afectadas y saludó en las calles de Santiago.
Las réplicas hallaron a la presidenta Cristina Kirchner regresando al salón de la investidura de donde había salido para responder una llamada telefónica de su marido, dijeron fuentes oficiales argentinas. Habría sido por esa coincidencia, la de encontrarse bajo el marco de una puerta justo durante el temblor, que algunos periodistas chilenos creyeron que Cristina había buscado refugio.
La ceremonia fue más concisa de lo que se estila –Piñera tomó juramento colectivo a los nuevos ministros– y una vez terminada los altavoces pidieron la rápida evacuación del edificio. La Armada ya había lanzado el alerta de tsunami y se pedía a los habitantes de zonas costeras que buscaran refugio en los cerros. Valparaíso mira al mar. Mujeres y hombres vestidos con buenas ropas le imprimieron cierto acelere a su partida del palacio legislativo. Políticos, ex funcionarios, flamantes ministros, familiares y figuras del espectáculo y la vida social chilena abandonaron el edificio. Un rato antes y entre aplausos, Michelle Bachelet, quien había entrado presidenta, se retiraba ciudadana. Ya se había despedido de sus colaboradores diciendo que se iba "por la puerta grande y con la frente alta".
Luego de los temblores y los alertas, la agenda completa se reprogramó. Lo que ya iba a ser un almuerzo austero en la residencia oficial de Viña del Mar se convirtió en una recepción de emergencia, en la que Piñera apenas si recibió a los mandatarios, para partir con el casco puesto (es literal) hacia Rancagua, a 90 km de Santiago, la ciudad más cercana al epicentro de la réplica de ayer, en donde se dieron daños materiales aunque no hubo víctimas. El presidente decretó el estado de catástrofe, que pone a la región de O'Higgins, la afectada, en manos de los militares. Una manera de mostrar la diferencia con el gobierno de la Concertación, que ganó enormes críticas por la demora en hacerlo.De Rancagua se dirigió a Constitución, uno de los sitios más golpeados por la catástrofe de febrero. En el anochecer de su día más agitado, Piñera circuló por la Alameda en el convertible Ford Galaxy saludando a ciudadanos que no cesan de lamentar los azotes de la naturaleza. Esa ruta lo llevó hasta el Palacio de La Moneda y fue desde uno de sus balcones que se dirigió a la población en su primer discurso en la casa de gobierno.
El texto, una pieza que debía mostrar ímpetu pero dar calma y seguridad, fue leído con el habitual énfasis de Piñera. "Vamos a levantar el país piedra por piedra y ladrillo por ladrillo, y lo vamos a reconstruir mejor", dijo Piñera, quien saludó a los héroes de cada día y pidió para estos tiempos difíciles "unidad, generosidad, nobleza, coraje y voluntad". "Sus dolores y sus esperanzas serán desde ahora nuestros dolores y nuestras esperanzas", aseguró a la multitud congregada en la plaza, que no pudo evitar un gritito cuando el presidente besó en la boca a su mujer, Cecilia Morel.
"Si se habían hecho las cosas bien, ahora las haremos mejor", prometió el hombre que tiene que demostrar que además de su talento indiscutible como empresario, es también la persona ideal para levantar un país agobiado por la destrucción y la pérdida de cientos de vidas.







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