En la ciudad santafesina de Coronda, los vecinos se sienten orgullosos de pertenecer al primer barrio del país con ese nombre, aunque les faltan cloacas y no tienen la plaza prevista.
"Esto no es casual. Fueron dos de los presidentes que mayor personalidad tuvieron a la hora de gobernar, no les tembló el pulso para tomar decisiones", dice Juan Alzugaray, un vecino que reside, junto a su esposa y sus dos hijos, desde hace más de seis meses en el barrio, y que festeja el curioso cruce de nombres. Juan es peronista "desde la cuna", pero no tiene conflictos en pasar cada uno de sus días en el barrio que homenajea al líder radical. "Por más que soy peronista, en las últimas elecciones para intendente voté a un radical, porque lo conocemos y sabemos que es un candidato honesto", explica. Juan es empleado municipal de una administración controlada por el PJ desde hace 14 años, pero se declara independiente en su pensamiento. "No voté a este gobierno nacional a pesar de ser peronista", reconoce.
El barrio Raúl Alfonsín está compuesto por 113 viviendas del Plan Federal I, que el gobernador santafesino, Hermes Binner, inauguró y nombró en homenaje al ex presidente. Una de sus calles deja entrever otra huella indeleble de los años 80, llevando el nombre de Ricardo Molinas, reconocido fiscal nacional de Investigaciones Administrativas durante el gobierno de la UCR. Cada hogar posee dos dormitorios, cocina, lavadero, comedor y patio, y todas las unidades habitacionales se encuentran ocupadas por familias; en su mayoría, policías y empleados del sistema penitenciario. Coronda es reconocida por alojar uno de los penales provinciales más importantes.
"Acá el que no es empleado del gobierno, trabaja en la fábrica", relata Gisella, de 23 años, que vive allí junto a su marido, José (34) y sus hijos Devi (4) y otro que sólo lleva 3 meses en su vientre. "La fábrica" es el nombre que los corondinos les dan a varias partes de la cadena de producción de frutas, desde su sembrado hasta los procesos industriales. "Las islas son otra fuente importante de trabajo", explica en referencia a quienes viven de la segunda actividad económica: la caza y la pesca.
La vida en el barrio Raúl Alfonsín es sencilla. Cada hogar insume un costo de cuota mensual de 200 pesos, lo que alivia la carga de gastos, pero a la vez, deben sufrir la ausencia de cloacas, gas y otros servicios básicos que sí se encuentran en el microcentro, de donde vienen Víctor (68) y Catalina (62), quienes contaron a PERFIL que "no nos queda otra que llamar al atmosférico, aunque existen proyectos para traer cloacas al barrio".
Carlos (41) y Roxana (28) son propietarios de uno de los tres kioscos del barrio, y aseguran que a pesar de que "es seguro" y de que "los chicos pueden jugar de noche" sería importante "una plaza". El barrio cuenta sólo con un terreno baldío donde se proyecta un espacio verde, pero las obras no se llevan a cabo. A la vez, no existen signos –ni estatuas, ni placas– que recuerden por qué el sector lleva el nombre del ex presidente. Es que, de tan nuevo, guarda muy poca historia.


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