Los obispos quieren llevarle en persona un documento en el que solicitan más diálogo.
Acaso en el oficialismo evalúan que recibir en este contexto a los obispos podría interpretarse como una señal de debilidad de la Casa Rosada, que no parece dispuesta en este momento a abrazarse al espíritu de concordia que promueven en la Iglesia, sino a redoblar la presión para conseguir sus objetivos.
Hay otro motivo que el oficialismo también admite y que tiene como telón de fondo la siempre difícil relación del Gobierno con la Iglesia. O, para ser más precisos, los eternos recelos entre Néstor Kirchner y Bergoglio. En el Gobierno no terminan de digerir el hecho de que el cardenal haya enviado a un sacerdote para darle la unción de los enfermos al ex presidente cuando éste fue internado de urgencia en febrero y debió ser intervenido en la carótida. Para el kirchnerismo, se trató de una actitud de mal gusto, si bien en la Iglesia se aclaró que ese sacramento se ofrece a cualquier católico que atraviesa por un problema de salud como una manera de confortarlo y no quiere decir que el destinatario esté por dejar este mundo. "La extremaunción no existe más desde hace décadas", insistieron. Pero popularmente se leyó otra cosa y el kirchnerismo quiere dejar en claro su malestar.
En la primera reunión del año de la cúpula del Episcopado, celebrada la semana pasada, los obispos --alarmados por la escalada en la tensión política con derivaciones institucionales-- emitieron una declaración en la que llamaron a todos los actores involucrados a superar "el estado de confrontación permanente". Demandaron, además, "gestos de grandeza" y respetar "la autonomía y complementariedad" de los poderes del Estado porque "si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres". Como para que su exhortación no se olvidara rápidamente y darle más fuerza, decidieron llevársela no sólo a la presidenta, sino también a las máximas autoridades del Congreso y de la Corte. E, inmediatamente, cursaron los pedidos de audiencia.
Hace cuatro años --siendo Kirchner presidente-- los obispos tuvieron una idea similar ante otro documento. Pero como los pedidos de audiencia no empezaron por la presidencia de la Nación, Kirchner les ordenó a las entonces cabezas del Congreso, Daniel Scioli y Alberto Balestrini, no recibir a las autoridades del Episcopado. Así, la ronda se frustró: los obispos sólo pudieron ver al titular de la Corte. Ahora que los pedidos fueron simultáneos, la demora de la presidenta en recibir a la cúpula del Episcopado promete postergar la visita de los obispos al Congreso. Se asegura que cuanto menos el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner, no los recibirá hasta que no lo haga la mandataria. Habrá que ver si, en ese caso, Julio Cobos estaría dispuesto a desmarcarse.







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