El PJ, un partido vibrante

El PJ, un partido vibrante
En las últimas horas la agrupación “Justicia y Dignidad Peronista”, de tendencia duhaldista, solicitó la caducidad del Partido Justicialista por inactividad.
La causa de tal pedido, al que dio lugar en La Plata el juez Blanco, sería la suspensión a repetición de las elecciones internas. La medida está apelada, en los papeles por Cristina Álvarez Rodríguez, y en la práctica por una hiperactividad política y militante que agota con sólo analizarla.

Mientras denuncian a La Cámpora por obligar a alumnos de Santiago del Estero a usar sus banderas y Cristina recibe al pequeño que había querido verla en vivo y en directo, los jóvenes de la agrupación salen a controlar las góndolas de los supermercados para asegurar el congelamiento de unos quinientos productos que quedaron dentro del plan editado por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

En la Magistratura el tire y afloje con el gobierno pareciera no tener un fin claro en el horizonte. Lo que se mostraba como una batalla ganada, ahora se presenta cuesta arriba y, según nos lo comunican nuestras fuentes judiciales, no habría posibilidades ciertas de que la reforma del Consejo llegue a tiempo para las elecciones de este año. El dato no es menor, es una de las apuestas oficiales más fuertes de los últimos tiempos, concernientes a un Poder Judicial que parece haberle dado la espalda definitivamente.

En lo que respecta a lo económico, ayer por la tarde se convirtió en ley el proyecto de Blanqueo de Capitales, al que previamente las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Finanzas y Legislación Federal le habían emitido el necesario dictamen. La importancia de tal paso legislativo reviste cada día que pasa mayor peso, en una economía nacional que se acerca cada vez más a un 2014 de difícil gestión, con un Brasil creciendo a tasas cada vez más lentas y con la posible caída de hasta un 50 por ciento de la exportación de biodiesel a Europa. Es que, en el viejo continente consideran que nuestros precios del producto son tan bajos que son desleales, por lo que nos impusieron un arancel terriblemente destructivo para nuestra competitividad en la materia.

En La Plata el asunto no parece pacificarse en lo absoluto. Las PASO del 11 de agosto están cada vez más cerca y todo es una verdadera incógnita, por lo que la totalidad de los sectores se encuentran enfrascados en una actividad frenética para llamar la atención de sus respectivos referentes.

Dentro del oficialismo se busca modificar con urgencia la imagen que dejó el intendente Pablo Bruera luego de la catástrofe del 2 de abril. Se busca salvar lo que se pueda, en particular la renovación de la banca de su hermano Gabriel, uno de los pocos que se animó a charlar cara a cara con la gente luego de la tormenta. Lo que durante los primeros meses del año parecía cosa asegurada ahora tiembla sobre el delgado hilo del descrédito político. Aún se desconoce si conseguirá el acompañamiento de algún referente nacional que haga de contrapeso al deslustrado diputado provincial.

Por otro lado, Sergio Massa aún no se decide en ningún lado y menos en La Plata, Berisso y Ensenada. Por estos pagos, las agrupaciones y referentes massistas se multiplican con el agua. Todos son massistas e interpretan a la perfección el “massismo”, que ahora pareciera ser todo un movimiento ideológico con cientos de elucidaciones posibles a cada uno de los gestos del intendente de Tigre. En La Plata y en Ensenada particularmente, Amondarain y Melzi van y vienen con cada gesto e indicación que les llega desde Tigre, sumiendo a los que esperan una señal en un mar de dudas y ansiedad.

El kirchnerismo puro quiere reparar la mira y apuntar a algún dirigente joven que represente mejor el espacio y tenga el potencial para cultivar poder en la región. Alguien por allí mencionó al concejal de La Cámpora, Martín Alaniz. ¿Será él el elegido? Por el momento no se sabe, y no se descarta una irrupción a último momento de Carlos Castagneto o, quien sabe, una alianza de última hora con el solitario Gabriel Bruera.

Por el momento, sólo podemos seguir esperando a que las decisiones caigan desde donde deben caer, sobre las cabezas de los pocos bendecidos con el beneplácito presidencial. Mientras tanto, se seguirá dando rienda suelta a la actividad militante, la cartelería a mansalva y la especulación obsesiva. Todo sea por un lugar, en un partido político más dinámico y convocante que nunca, que pareciera tener cada vez más dirigentes, para cada vez menos lugares

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