El partido del ritmo

Por Jorge Fontevecchia

El significado depende del montaje, como en el cine. "Yo ya di todo lo que tenía para dar", dijo la Presidenta el jueves en un acto en José C. Paz.

El título de esta columna es el título de un capítulo del libro La poética como crítica del sentido, de Henri Meschonnic. Para la poesía, la magia sugestiva no está en el qué sino en el cómo. El ritmo es todo. Recordaba esto al ver a la mayor artista de la poética kirchnerista articular su cuerpo como lenguaje contra Moyano, en su discurso del jueves pasado.

¿Teatro o realidad? Teatro y realidad, quizás. Hasta hace algunos días había quienes especulaban con que la pelea con Moyano estaba acordada y guionada entre la Presidenta y el líder de la CGT para que Cristina ganase los votos de la clase media. Igual que la extensión interminable de su luto, que de paso es elegante (Pablo Ramírez, el más reconocido diseñador argentino, adoptó el negro como color fetiche).

Hoy queda claro que electoralmente le conviene mostrarse peleando con Moyano y teatraliza ese combate todo lo que puede. Pero también que lo está enfrentando en la realidad. Y es verdad lo opuesto, que Moyano y sus seguidores tratan de instalar la idea de que el conflicto es puro humo al punto que su virtual vocero, Julio Piumato, respondió diciendo: “Nadie se suicida, menos la jefa” (los que se suicidan son ellos al decirlo).

Las mismas dudas despiertan su salud, su cansancio y sus deseos de continuar en su cargo cuatro años más. Todo respiró ambivalencias y exhibicionismo cuando la semana pasada ella misma dijo “estoy pum para abajo”, al día siguiente se fue a descansar a El Calafate (a la casa donde cayó muerto su marido), luego el descanso no le alcanzó –suspendió la agenda oficial del lunes, que incluía reuniones con cuatro gobernadores– y más tarde informó que, como cumplía 36 años de casada, visitó la tumba de Néstor Kirchner en Río Gallegos.

Desde aquel “pum para abajo” hasta anteayer, cuando cargó contra Moyano, no participó de ningún acto ni salió de la Casa Rosada u Olivos y sólo estuvo a través de videoconferencias en aquellos eventos ya programados.

Es como si juntara fuerzas para subir el tono y luego se tuviera que recluir porque el “yo ya di todo” de anteayer y el “pum para abajo” fueron ambos un día jueves y en los dos casos durante actos en el Conurbano bonaerense, el último en José C. Paz y el anterior, en San Martín.

Cuesta creer que la elección del ámbito donde hacer ese tipo de declaraciones no persiga algún fin. Como tampoco el apoyo de Moyano a un candidato diferente al de la Presidenta en la interna del PJ para gobernador en la provincia de Buenos Aires. Resulta poco verosímil que Moyano se sienta ideológicamente más cómodo con Massa que con Scioli (ver reportaje a Barrionuevo, págs. 36-39).

Los dos jueves en que Cristina generó dudas sobre su futuro, estuvo sentada al lado de Daniel Scioli. En el enfrentamiento con Moyano, la Presidenta y el gobernador terminan unidos, lo que favorece a Scioli.

Pero el acercamiento-alejamiento de Scioli es uno de los tantos puntos de tensión que hacen a esta trama atractiva donde el juego de las formas es más envolvente que el sentido. Este continuo acercarse y alejarse hace recordar al juego infantil que Freud denominó fort-da (“lejos” y “acá”, en alemán) que es una de las formas en que se estructura la sensualidad de la intermitencia. La candidatura “se fue”, otra de las traducciones de fort; la candidatura “volvió”, da.

Ritmo y suspenso, todas herramientas de una poética que se apoya en hechos de la realidad, que agiganta o solapa en función de su contribución al todo. El ritmo es la rima de su poesía. La repetición es su compás. Ayer canceló su viaje a Paraguay por el Bicentenario del integrante del Mercosur y no se descarta que dentro de dos semanas vuelva a cancelar el viaje a México (la vez anterior padeció hipotensión).

El kirchnerismo es una máquina de narrar. Para hacer su obra, toma trozos de la realidad. Eso lo hace más entretenido: poder distinguir qué parte es ficción y cuál es verdadera.

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