Tras las protestas por el aumento en el transporte, el diario brasileño comparó cuántos minutos se deben trabajar para pagar un boleto en varias ciudades
Luego de la inesperada y abrumadora silbatina que debieron soportar la presidenta Dilma Rousseff y el mandamás de la FIFA, Joseph Blatter, cuando el sábado último inauguraron torneo y fueron abucheados por 60.000 aficionados previo al cotejo Brasil - Japón, los reclamos en varias ciudades brasileñas continuaron ayer y hoy como una reacción al aumento del precio de autobús, subte y tren, dispuesto a inicios de junio, de 3 reales (US$1,40) a 3,20 (US$1,50).
Las masivas marchas, que incluyeron enfrentamientos con la policía dejaron hasta ahora un saldo de 100 personas heridas y 190 detenidas.
En un artículo publicado hoy por el prestigioso diario Fohla de San Pablo , se analiza el tiempo de trabajo que le demanda a un empleado pagar el costo de un boleto promedio de transporte regular dentro de una ciudad grande.
Así, el informe resalta que en Buenos Aires se trabaja sólo un minuto y 44 segundos para pagar un pasaje en colectivo, en comparación con los 12 minutos 73 segundos para Río de Janeiro y 13,89 de San Pablo.
Otras ciudades donde se aprecia que el transporte público de colectivos es más caro que Buenos Aires son por ejemplo Pekín con 3, 64 minutos; Otawa 5,84; París 6,25; Nueva York 6,33; Madrid 6,52; Tokio 9,09; Santiago 9,11; Lisboa 9,99 y Londres 11,06.
PROTESTAS EN LAS CALLES
En los días siguientes, como apunta hoy el analista político Clovis Rossi, los silbidos del Estadio Nacional de Brasilia "salieron a la calle", y se convirtieron en una ola de descontento que se diseminó como fuego sobre pólvora por todos los rincones del país.
Rousseff no es el único blanco, pero es sin duda la más afectada por las protestas que reflejan una creciente insatisfacción del pueblo con los políticos, a los que se responsabiliza tanto del bajo crecimiento económico como de la mala calidad de los servicios públicos de un país que invierte miles de millones de dólares en la construcción de estadios y en otras obras para el Mundial.
El movimiento alcanzó su punto culminante -hasta ahora- este lunes, cuando las manifestaciones convocadas a través de las redes sociales movilizaron a al menos 200.000 personas de norte a sur del país, e incluyeron invasiones del Congreso Nacional, en Brasilia, y de la Asamblea Legislativa de Río.
Fue la más grande manifestación callejera desde 1992, cuando el pueblo salió a pedir la salida del poder del entonces presidente Fernando Collor de Mello, quien renunció poco después en medio de un juicio político por corrupción.
Las protestas multitudinarias no son usuales en Brasil, y por ello los actos de los últimos días -que en muchos casos fueron reprimidos con violencia por la policía y dejaron heridos- tomaron totalmente por sorpresa tanto a los políticos locales como al presidente de la FIFA, Joseph Blatter.
Los abucheos en Brasilia convirtieron además en aliados no esperados de la mandataria a Blatter y al presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y del Comité Organizador del Mundial (COL), José Maria Marin.
Para Rousseff, quien "heredó" de su antecesor Luiz Inacio Lula da Silva la tarea de organizar el Mundial, Brasil 2014 empieza a convertirse en una pesadilla, especialmente porque coincide con la campaña a los comicios presidenciales de octubre de 2014, en los que buscará la reelección.
Pero Brasil sigue siendo el "país del fútbol", y nadie puede descartar que el descontento popular se convierta en fiesta en caso de que la "seleçao" dirigida por Luiz Felipe Scolari logre concretar el sueño de conquistar en casa el "hexacampeonato" en 2014.
El futuro de Rousseff y de los actuales líderes políticos brasileños podría estar entonces en las manos -o en los pies- del astro Neymar y de "Felipao" Scolari.



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