El resultado de las elecciones provinciales del domingo pasado dejó dos saldos irrefutables.
Por un lado, con su contundente victoria, el justicialismo quedó con una fortaleza política sólo comparable con la que alcanzó en 2003, cuando José Manuel de la Sota derrotó con holgura al radical Oscar Aguad.
Por el otro, los dos principales partidos de la oposición (el Frente Cívico y el radicalismo) quedaron golpeados por sus magras cosechas de votos.
La amplitud del triunfo peronista dejó entre los opositores heridas, cuestionamientos y el desafío de hacer una profunda autocrítica para reinventarse como opciones creíbles para los cordobeses.
El Frente Cívico tuvo un retroceso en los números y también en lo cualitativo: sacó seis puntos menos que en 2007, cuando quedó muy cerca del triunfo. Pero lo más preocupante para el futuro político del senador nacional Luis Juez es que su fuerza no sólo sigue sin hacer pie en el interior (una debilidad que no le permitió ganar cuatro años atrás), sino que además perdió 12 puntos en la Capital, su principal bastión electoral.
No le alcanza el consuelo de haberse consolidado como segunda fuerza, porque su estructura partidaria es más endeble que la del radicalismo.
Lo que viene tampoco es alentador para los juecistas. El 18 de septiembre deben afrontar las elecciones municipales en la ciudad de Córdoba y su máximo referente ya admitió que en esos comicios disputarán más que la sucesión del intendente Daniel Giacomino: se jugarán la propia esencia del Frente Cívico, como cuña entre los dos partidos tradicionales.
Por una cuestión de calendario, que Giacomino eligió con precisión quirúrgica para perjudicar a su ex amigo y socio político, Juez se vio obligado a elegir su fórmula para la ciudad sin conocer su suerte en la provincia.
En ese escenario, el senador se inclinó por el economista Esteban Dómina, un peronista con buena imagen en la clase media y media alta, pero con alto nivel de desconocimiento y sin trayectoria en el juecismo.
Juez dice que recorrerá los barrios más carecientes de la ciudad, donde el Frente Cívico perdió votos a manos del PJ. Dómina tratará de hacerse conocer y buscar votos en los sectores medios de la ciudad de Córdoba.
Todo indica que el juecismo enfrentará al PJ, la UCR y a Olga Riutort otra vez con escasez de recursos económicos para la campaña y sin el protagonismo de Juez, que no será candidato.
La caída en la provincia lo dejó en esta difícil situación de jugar gran parte de su futuro político desde la platea, para utilizar un lenguaje futbolero, tan recurrente en el ex intendente.
De atrás. Por su parte, el radicalismo casi no tuvo tiempo de hacer autocrítica. En las primarias de mañana habrá una pulseada entre seis listas por las candidaturas a diputados nacionales. Pero, sobre todo, luego de varios traspiés electorales locales, en el centenario partido están convencidos de que desde la ciudad de Córdoba puede volver a refundarse como una fuerza política con chances ciertas de asumir el poder.
Ramón Mestre lidera hoy las encuestas entre los candidatos a intendente. Aunque falta más de un mes para los comicios municipales y la semana próxima arrancará el tramo final de la campaña capitalina, después de más de una década un dirigente radical compite con posibilidades concretas de ganar una elección trascendente.
De todos modos, el radicalismo debe sortear un mal que lo aquejó desde que fue desalojado por De la Sota del poder provincial: el internismo.
En la Capital, las listas se resolvieron por el voto de los afiliados. Sin embargo, como ocurrió en la elección para gobernador, a la hora de trabajar en la campaña afloran las diferencias que luego se reflejan en las urnas, con una cosecha de votos que no se condice con la extensa estructura política que tiene el partido.
Mientras en el justicialismo se piensa en proyectar al gobernador electo hacia el ámbito nacional, los dos mayores partidos de la oposición cordobesa afrontan el amargo sabor de la autocrítica, para tratar de reconstruirse como opciones de poder.






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