La muerte de Néstor Kirchner, sismo que sacudió violentamente la política argentina, obviamente movió estanterías en Jujuy. Tras regresar de las exequias del ex presidente, el oficialismo puso su maquinaria a trabajar para transmitir una sensación de tranquilidad que, en rigor de verdad, no tiene.
Eduardo Fellner.
Eduardo Fellner.
Las especulaciones sobre la suerte del Gobierno nacional ahora que no está Néstor, son tema de largas conversaciones no solo en las oficinas de los políticos sino en las humildes casas donde la gente humilde se pregunta si cosas como la Asignación Universal por Hijo van a desaparecer en el nuevo ciclo que comienza.
La clase dirigente local, tradicionalmente dependiente del poder de Buenos Aires, observa la situación con temor. Aunque asegura que el trato del Gobierno central con Jujuy seguirá siendo “el mejor”, la incertidumbre se nota. Sin Kirchner, que tenía una relación muy cercana con el fellnerismo, ¿acaso Cristina se vuelva indiferente con la provincia norteña? En la construcción política propia que ella deberá encarar, ¿buscaría otros nexos?, ¿profundizaría sus afectos con la dirigente piquetera Milagro Sala olvidando a los viejos amigos de su marido o tendría en su corazón espacio para todos? Y a propósito de Milagro Sala: ¿habrá olvidado que en la escandalosa elección de la CTA, Sala se jugó por el candidato “crítico” al poder K? Y los políticos jujeños, ¿podrán llegar al Olimpo por otros caminos que no sean los de Néstor? Preguntas incómodas que se hacen pero que solo el tiempo permitirá responder.
La época de los prestidigitadores y olfateadores que se inauguró en el orden nacional con la brusca desaparición de un líder como Kirchner, promete sombras chinescas para rato en la Provincia, donde la influencia de la política nacional, aún en el nuevo escenario, tiene un peso decisivo y el miedo de la dirigencia local a lo desconocido parece haber desplazado a la ciega confianza de casi una década.



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