Se produjeron desmoronamientos de tierra y crece el temor a la expansión de una epidemia; decretan el estado de calamidad
Un intenso aguacero al comienzo de la tarde puso en estado de alerta a la zona, donde por lo menos 630 personas han muerto desde que un feroz temporal se desató la madrugada del miércoles pasado. Las nuevas lluvias causaron un desmoronamiento en una ladera de Itaipava, que sepultó a tres personas y dejó aisladas a 80. En Bom Jardim, la caída de tres puentes dejó al pueblo incomunicado.
"La situación es muy crítica. Es imposible saber la extensión de la catástrofe. Todavía existen muchos lugares aislados", reconoció el coronel James Barros, comandante del XI batallón de la policía militar, desplegado en Nova Friburgo.
Como consecuencia, el gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral, decretó el estado de calamidad pública en los municipios de Nova Friburgo, Teresópolis, São José do Vale do Rio Preto, Sumidouro, Bom Jardim y Areal. La medida, que durará 180 días, pretende facilitar la contratación de las empresas que reconstruirán la infraestructura destruida en esta área turística de montaña y las viviendas para las 13.000 personas que han quedado sin techo.
En la Granja Comary de Teresópolis, sitio donde tradicionalmente se entrena la selección de fútbol, las fuerzas armadas enviadas por la presidenta Dilma Rousseff habían instalado su base para los 590 soldados que ya están en la región, y que se sumaron a 222 efectivos de la Fuerza Nacional y 130 agentes de la policía militar. A pesar del fuerte despliegue, los 12 helicópteros destinados a misiones de búsqueda y rescate de víctimas en zonas rurales se vieron obligados a permanecer en tierra la mayor parte del día, si bien por la mañana habían logrado evacuar a unas 176 personas.
"Tenemos dificultades con el tiempo. Los helicópteros no han conseguido hasta ahora hacer vuelos largos. No tenemos condiciones climáticas para ofrecer atención a las personas que todavía están aisladas", indicó el coronel Pedro Machado, comandante del cuerpo de bomberos de Río, que también ayuda en las tareas.
Al lado de las aeronaves, varias toneladas de comida, agua, mantas y ropa se mantenían lejos de la gente más necesitada. En los centros urbanos, los precios de la comida, el agua y el combustible se dispararon: un bidón de cinco litros de agua costaba 26 dólares, una botella de leche llegaba a los seis dólares y un paquete de velas, lo mismo.
"Tuve que venir hasta el centro a pie para comprar leche para mis hijas, y nafta. Caminé dos horas por el barrio. Cuando las personas podrían estar ayudando, se aprovechan. Es una falta de respeto", se quejó Edson de Oliveira en Nova Friburgo, donde la gente que quedó desamparada criticaba la falta de asistencia eficaz.
Ante los abusos, el comando general de la policía militar estatal determinó que los comerciantes que cobren precios abusivos irán a prisión. En tanto, la fuerza aérea empezó a distribuir raciones de comida para las personas que se hallaban en peor situación.
Epidemias
En ese clima de pánico, el secretario de Medio Ambiente estatal, Carlos Minc, alertó sobre el riego de enfermedades que podrían contraerse a través del agua de lluvia contaminada o por heridas en medio del barro, como diarrea, hepatitis A, tétanos y difteria. "Ahora, uno de los problemas principales son las epidemias", resaltó Minc, que ordenó comenzar la vacunación de la población, pero pronto quedó en evidencia que las 6000 dosis de vacunas que llegaron no alcanzarán.
La falta de coordinación no debería ser una sorpresa para las autoridades, ya que el diario O Estado de S. Paulo reveló ayer un informe emitido por el propio gobierno brasileño en noviembre pasado -durante la administración de Luiz Inacio Lula da Silva-, en el que admite que el país no está preparado para hacer frente a desastres naturales.
El documento, elaborado por la Secretaría Nacional de Defensa Civil brasileña y enviado al Departamento de Estrategia Internacional de Naciones Unidas, destaca: "La mayoría de los órganos que participan en la defensa civil no están preparados para el desempeño eficiente de las actividades de prevención y preparación [ante un desastre]".
Cinco días después del temporal que azotó la región, sólo ayer las autoridades comenzaron a confeccionar la lista de desaparecidos. En Teresópolis se habían registrado 88 nombres; en Nova Friburgo, 77; en Petrópolis, 36 y en Sumidouro, cinco. En el Gimnasio Polideportivo Pedrão, de Teresópolis, que alberga a más de 300 personas que quedaron sin techo, se colocó también una lista de huérfanos y niños que no saben el paradero de sus padres.


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