El escenario en que se dará la renovación legislativa plantea problemas para el justicialismo y ventajas para la UCR.
Los números cantan en la futura renovación parlamentaria del Chaco, una categoría electoral que se plantea muy complicada para el PJ y, por ende, ventajosa para el radicalismo, que tendrá la oportunidad de reconstruir el entramado de poder que -en la década pasada- le permitió controlar buena parte de las decisiones de Estado que se tomaron en la provincia.
Del total de bancas en juego, once corresponden al oficialista Frente Chaco Merece Más, lo que obliga al PJ a concentrar sus esfuerzos para obtener un triunfo lo más holgado posible en condiciones que nunca imaginó: está en el poder, tiene a su mejor hombre al frente del Ejecutivo y cuenta con una poderosa estructura política en todo el territorio provincial, pero aún así aparece segundo en la intención de voto de los chaqueños.
La gran responsable de este escenario desventajoso para un peronismo que aspira a continuar en el poder sin Jorge Capitanich como gobernador se llama Aída Ayala, una candidata que construyó prolijamente su plataforma territorial y que unificó al radicalismo al punto de llevar a sus otrora enemigos internos en los lugares clave de la lista de legisladores.
De hecho, Livio Guitérrez, quien se perfilaba como su rival interno en las PASO en caso de que la UCR no lograra consensos internos, encabeza la nómina de diputados provinciales de Vamos Chaco, nombre elegido por Ayala para definir una amplísima alianza de más de 20 partidos con la cual intentará derrocar a un PJ corroído por sus internismos, especialmente en los 16 meses de gestión Bacileff Ivanoff.
A esta realidad se suma la continuidad de Carim Peche como timonel de la bancada, un hombre con peso y trayectoria militante cuyo cierre de última hora apoyando a Aída no fue nada fácil al punto que al momento de las decisiones supo ponerle límites hasta el propio Angel Rozas, a la vez que logró imponer a un hombre de su estrecha confianza en el lugar séptimo de la lista de diputados provinciales.
La onda expansiva del acuerdo logrado en Sáenz Peña tuvo un efecto provincial en cuanto a que la sumatoria de Peche no fue poca cosa en la lectura hacia adentro como hacia afuera del radicalismo, más teniendo en cuenta que Rozas, que hizo de las suyas en varias localidades chicas, a la hora de la verdad no pudo con Peche.
La realidad que enfrenta el justicialismo se complica debido al crecimiento que experimentó la UCR en las parlamentarias de hace dos años, cuando la diferencia numérica entre ambas bancadas se acortó con legisladores radicales con mandato hasta el 10 de diciembre de 2017, por lo que el principal partido opositor tiene sólo cinco bancas por renovar en las elecciones de este año.
Sin terceras fuerzas, la polarización entre Aída Ayala y Domingo Peppo significaría una ventaja matemática para la UCR en cuanto a composición del Poder Legislativo, ya que un triunfo de la actual intendenta de Resistencia representaría entre ocho y diez bancas para el oficialismo, con lo cual el PJ perdería por lo menos tres de los escaños que tiene la obligación de revalidar en los comicios generales de este año.
En ese contexto, una vez más aparece la influencia estratégica de Jorge Capitanich, quien al verse impedido de ubicar a su delfín político, Eduardo Aguilar, en la candidatura a gobernador, aceptó la propuesta de Peppo a cambio de una fuerte presencia coquista en la lista de legisladores provinciales, encabezada nada menos que por dos leales a su sector interno como son Claudia Panzardi y Hugo Sager.
En la lógica política de Capitanich, que en ese sentido funciona en armonía con el pensamiento de los peronistas ortodoxos, el diputado que encabeza una nómina de candidatos es número puesto para la Presidencia de la Cámara, mientras que el segundo de la misma lista se hace acreedor de derechos para ejercer como presidente de bloque. Es decir que Panzardi y Sager aparecen predestinados a conducir las huestes justicialistas en el Parlamento en función de los lineamientos que baje Capitanich.
Está claro que el gobernador actual se aseguró los principales resortes del poder institucional de la provincia, priorizó su preeminencia territorial con la candidatura a la Intendencia y de paso aprovechó para pasar factura a Ricardo Sánchez, degradado al sexto lugar de la lista legislativa, por debajo incluso del resistido Darío Bacileff Ivanoff, a quien incluyó en el quinto casillero a modo de premio consuelo y como gesto de piedad hacia su desacreditado vice, a quien mínimamente debe mantener en caja para evitar los menores cortocircuitos posibles.
¿Rolhaiser y Pedro Miró estarán en la misma situación de la cobertura parcial del paragua chiyista? La realidad pareciera mostrar que sí. Uno se mantiene en Lotería y el otro está a la espera de un posicionamiento de segundo orden.









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