Nick Clegg, de joven rebelde a la gran sorpresa británica

La aparición del liberal demócrata amenaza con quebrar el dominio de laboristas y conservadores
LONDRES.-Algo muy raro está pasando en Gran Bretaña. El sol brilla desde hace diez días en forma ininterrumpida y el pronóstico asegura que seguirá así; con el retorno del musical Hair al West End londinense, todas las estaciones de radio proclaman la llegada de una nueva "era de Acuario", y al tope de la taquilla cinematográfica se encuentra Alicia en el país de las maravillas.

Pero el premio de lo inusual se lo lleva la "cleggmanía", el hasta ahora imparable fenómeno desatado por la confiada actuación del líder liberal demócrata, Nick Clegg, en los debates televisivos.

Desde entonces, el más joven de los contendientes en la carrera electoral (43 años) ha exorcizado al fantasma que durante casi un siglo dejó a su partido relegado en tercera posición en todas las encuestas, colocándose incluso en varias estimaciones en la delantera con vistas a los comicios generales del próximo 6 de mayo.

Se estima que más de 450.000 jóvenes se registraron esta semana para votar por primera vez en su vida con la ilusión de verlo entrar en Downing Street.

Su rival conservador, David Cameron, atribuye todo a un "romance de vacaciones" mientras en las filas del premier Gordon Brown se habla de un "chispazo en la sartén".

La prensa británica ?en su mayoría en manos de euroescépticos, como Rupert Murdoch? pinta a Clegg como el nuevo Ross Perot, ese hombre de negocios independiente que ganó todos los debates televisivos en la campaña norteamericana de 1992 para luego salir tercero en la elección que llevó a Bill Clinton a la Casa Blanca.

La comparación, sin embargo, no es del todo apropiada. Perot no tenía el sólido aparato partidario que apuntala a Clegg. Un 59% de los británicos quiere ver como ministro de Economía a su vocero en temas financieros, Vince Cable, el único político que siempre abogó por una dura regulación del sistema financiero. Sus predecesores al frente del partido, Paddy Ashdown, Charles Kennedy y Menzies Campbell son figuras altamente respetadas en un país desilusionado por los escándalos de corrupción de su clase política.

Otro factor distancia a Clegg de Perot: su imagen. Mientras el magnate era un petiso sesentón con osco acento texano, Clegg tiene la apariencia de un veinteañero, alto, esbelto y seductor.

Orgullo

Clegg nació el 7 de enero de 1967 en Oxford. Es el tercer hijo de un banquero de origen aristocrático ruso y de una maestra holandesa que durante la Segunda Guerra Mundial pasó buena parte de su infancia en un campo de concentración japonés, en Indonesia. "Fueron soldados británicos quienes liberaron a mi madre y esto es algo que me llena de orgullo cada vez que lo menciono", destacó Clegg durante el último debate.

Mientras Cameron no sabe ningún idioma extranjero y Brown apenas balbucea en francés, Clegg es un políglota que se crió hablando holandés e inglés y aprendió alemán, francés y español. Por más que cursó la primaria y secundaria en la tradicional Westminster School, junto a celebridades como la actriz Helena Bonham Carter, Clegg ha logrado esquivarle al mote de "chico privilegiado" que pesa sobre Cameron (educado en Eaton y Oxford) gracias a sus política a favor de liberar a los trabajadores más pobres del impuesto a las ganancias y aumentar la presión fiscal de los millonarios.

La adolescencia lo vio rebelde. A los 16 años fue sentenciado a realizar trabajo comunitario por haber incinerado una colección de cactus raros de uno de sus profesores durante un viaje de intercambio en Alemania. El incidente no le impidió licenciarse en antropología social en la universidad de Cambridge. Tras hacer posgrados en Minnesota y en el Colegio de Europa en Brujas, Clegg trabajó como reportero en Nueva York para la revista de izquierda The Nation.

De vuelta en Londres, se convirtió en el primer ganador del David Thomas Prize, el premio que recuerda a un periodista del Financial Times que murió en la guerra en Kuwait. Durante un año, Clegg trabajó como corresponsal del diario en Budapest.

En 1994, ingresó como funcionario en la Comisión Europea, y en 1999 obtuvo una banca en el Parlamento Europeo, donde piloteó la reforma que rompió los monopolios de las empresas telefónicas estatales.

En 2000 se casó con la española Miriam González Durantez, hija de un senador liberal y abogada en una la más importantes firmas legales de Londres, DLA Piper. Los Clegg pasan todos los veranos en la casa natal de Miriam en Olmedo, una villa cercana a Valladolid. Por más que él dice ser agnóstico, sus tres hijos, Antonio, Alberto y Miguel, son católicos.

Desde 2005, Clegg representa en la Cámara de los Comunes a Sheffield Hallam, un distrito en la desfavorecida región siderúrgica inglesa. Desde que tomó las riendas de su partido, en 2007, los liberales concentraron sus energías en oponerse a las guerras en Irak y Afganistán y a denunciar los descalabros del sistema bancario e inmobiliario. Una estrategia exitosa que, sumada a su avasallante popularidad personal, ha colocado a Clegg en el primer plano y ha cambiado todas las reglas de juego en un país atado al bipartidismo durante décadas.

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