Muros, instalaciones y sobre todo mucho nerviosismo en Brasilia

Muros, instalaciones y sobre todo mucho nerviosismo en Brasilia

Las autoridades buscan evitar incidentes entre los pro impeachment y los defensores de Dilma

BRASILIA (De nuestro corresponsal).- Las autoridades brasileñas no quieren que la verde y vasta Explanada de los Ministerios se convierta en un sangriento campo de batalla entre quienes respaldan elimpeachment a la presidenta Dilma Rousseff, que esta semana se decidirá en la Cámara de Diputados, y simpatizantes del gobierno. Por eso, decidieron levantar una suerte de paredón que separe a los dos bandos: los "coxinhas" y los "mortadelas".

El ya bautizado "muro de Brasilia" era ayer montado por medio centenar de detenidos del Centro de Prisión Provisoria de esta capital. Dos extensos vallados a lo largo de la parte central de la Explanada, frente al Congreso, delimitaban un corredor de seguridad y en el medio de éste erigieron una barrera con tapias de metal para que los antagonistas no puedan ni siquiera verse.

En el sector Sur, del lado de la Catedral y del Palacio de Itamaraty, irán los manifestantes pro impeachment, los "coxinhas", apodo desdeñoso con el que se alude a las personas de clase media conservadoras (las coxinhas son tradicionales croquetas de pollo que según la creencia popular comen diariamente los policías). El sector norte, del lado del Teatro Nacional y del Ministerio de Justicia, estará reservado a los "mortadelas", mote despectivo con el que se apunta a los seguidores del Partido de los Trabajadores (PT) y los sindicatos y movimientos sociales próximos a él (por los sándwiches de mortadela que se alega reciben para engrosar las marchas oficialistas; la versión brasileña de nuestra expresión "por el choripán y la Coca").

Se espera que desde hoy, cuando la comisión especial de juicio político vote su parecer sobre el impeachment, y durante los próximos días, numerosos grupos anti y pro gobierno lleguen a Brasilia; el momento culminante será el próximo fin de semana, cuando el plenario de la Cámara de Diputados realice la votación final sobre el impeachment, para cuando se aguardan entre 300.000 y 500.000 manifestantes.

Para evitar enfrentamientos, además de unos 4000 policías locales, la seguridad será intensificada por la presencia de efectivos de la Fuerza Nacional. Se bloqueará el tránsito vehicular en la Explanada, no se permitirán campamentos allí; se montarán puestos de chequeo, se requisarán elementos punzantes, palos, botellas de vidrio y fuegos artificiales; se prohibirán megáfonos, máscaras y globos o muñecos ofensivos. La tensión política es tal que las autoridades no quieren dejar nada librado al azar.

Ayer por la mañana, el grupo pro impeachment Vem Pra Rua aprovechó los últimos momentos de "libertad" para celebrar en uno de los extremos de la Explanada, frente al Congreso, un acto titulado "Niños por un país mejor", con chicos vestidos con los colores nacionales verde y amarillo que coreaban cánticos en contra de la corrupción y a favor del fin del gobierno petista. Además, realizaron una instalación para llevar el conteo de los diputados que apoyan el impeachment, los que se oponen y los que aún no se han decidido, con fotos de cada uno de ellos clavadas en estacas.

"Tenemos que exigirles a nuestros representantes que voten por lo que el pueblo quiere, que es la salida de Dilma", explicó a LA NACION la empleada estatal Mónica Reis, 31, que resaltó que votó por Luiz Inacio Lula da Silva dos veces y una vez por Dilma, pero ahora está "asqueada" de la corrupción con el escándalo de Petrobras y "frustrada" por la ineficiencia del gobierno para apuntalar la deteriorada economía. A su lado, su compañero Edison Fernandes, 49, investigador agropecuario, reconoció que el juicio político a Dilma será traumático, pero cree que las instituciones y la democracia brasileña saldrán fortalecidas de todo el proceso: "Este gobierno no tiene más condiciones para seguir y para mantenerse en el poder están arruinándonos a todos, buscando profundizar las divisiones sociales y alegando que el proceso de impeachment es un golpe de Estado".

A pocos metros de allí, en la Plaza de los Tres Poderes, entre el Palacio del Planalto y el Supremo Tribunal Federal, el empleado universitario Lucas Espindola, 25, defendió al gobierno frente a lo que llamó "golpe" por parte de la oposición. "No aceptan que perdieron las elecciones en 2014 y quieren llegar al poder de cualquier forma, manipulando las instituciones y criticando la corrupción que hay como si los petistas fueran los únicos corruptos", indicó.

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