Muerte de Nisman: jaque a la democracia

Muerte de Nisman: jaque a la democracia

Una grave denuncia, una muerte absurda y una investigación poco transparente abrieron demasiados interrogantes que, por ahora, nadie intenta responder, sumando descrédito a la institucionalidad del país

La muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman ha ocasionado un cimbronazo directo a la estructura democrática del país, y ha calado en lo más profundo del sistema institucional, dando un duro golpe a la es-tructura de poder del Gobierno nacional, tanto en el plano interno como en el externo.

Sin entrar a analizar si se trató de un suicidio o de un homicidio, que deberá determinar la Justicia, las desprolijidades del procedimiento, desde el trabajo de su custodia personal, que reflejó la falta de idoneidad de los agentes designados, como los errores cometidos por el secretario de Seguridad, Sergio Berni, en cuanto a la apresurada conjetura de un suicidio, sumados al silencio total y absoluto del Gobierno, han producido un grave daño en la estructura de poder del kirchnerismo.

Dentro del imaginario popular a nadie se le ocurre pensar que desde la presidencia de la Nación se haya mandado a cometer semejante acto de violencia institucional, pero sí preocupa la inacción del Gobierno ni bien conocido el hecho de la muerte del fiscal, sumado a las desprolijidades de Sergio Berni, en cuanto a apresurarse a dar declaraciones sobre precisiones de los hechos, que con el correr de las horas se fueron desvirtuando y las palabras del secretario de Seguridad quedaron sólo como contradicciones imprudentemente vertidas.

La lentitud de la investigación acrecienta la situación de desprotección que siente el ciudadano, porque la pregunta que se hacen todos es: “Si esto le pasa a un fiscal federal, ¿qué le puede pasar al ciudadano común?. Pregunta que no tiene una única respuesta, pero sí una lógica consecuencia: la incertidumbre que siente el ciudadano y, por consiguiente, el manto de dudas que envuelve a todo el Gobierno por su accionar.

El daño es irreparable para las aspiraciones presidenciales de muchos postulantes oficialistas. Sólo se salvarán aquellos que ya se encontraban instalados en la sociedad con una amplia cuota de transparencia institucional y prudencia en sus discursos. Scioli jugó ese rol, y sobrevivirá al embate, pero el grave hecho del fallecimiento de Nisman dejó sin chances al resto de los candidatos oficialistas.

La oposición no está a la altura de las circunstancias; busca sacar rédito político donde no lo hay, y equivocaron el camino: la gente no está buscando candidatos, está buscando tranquilidad, vivir con libertad, donde los delincuentes no sean los privilegiados, sino los castigados. La oposición, una vez más, no logró entender el mensaje de la gente.

En el plano internacional es un duro golpe a la Argentina, que le va a ser muy difícil de remediar; solamente un cambio de funcionarios y de la política exterior podría amortiguar el golpe, pero será difícil de ver durante el tiempo que le queda de gestión a este gobierno. La filtración de las escuchas de la causa AMIA han puesto al país al punto de considerarlo un país terrorista, teniendo que sufrir las consecuencias que ello implica, restricciones económicas y sanciones a determinados funcionarios. Situación que llevará años levantar, a pesar de que exista un cambio del rumbo político del país.

La sociedad argentina espera una pronta respuesta del caso Nisman y, por sobre to-das las cosas, espera que la Justicia actúe con prudencia pero con celeridad; sin verdad no hay justicia. Por sobre todo, la gente no confía en el accionar de la Justicia, co-mo tampoco confiaba en el accionar de Nis-man como fiscal de la causa AMIA. Primero el encubridor fue el ex presidente Menem, y ahora lo fue la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Poco serio, por llamarlo de alguna manera; pero la preocupación de la gente no es ésa, sino aclarar la muerte del fiscal.

El sistema de Inteligencia del Estado está en jaque. La ex SIDE había entrado en un proceso de restructuración que pareció paralizarse con la muerte del fiscal, pero el descrédito por los sistemas de inteligencia no se paralizó, sino que, por el contrario, continúa en ascenso. Estará en el Gobierno acompañar el pedido de la sociedad o seguir haciendo silencio, pero el sólo paso del tiempo no es la solución, se necesita una acción directa y clara, que dé un mensaje de transparencia a los argentinos.

Nadie duda de las cosas que ha hecho el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en cuanto a favorecer con políticas públicas a los que más necesitan, pero también es cierto que no se ha rodeado de los mejores asesores, y ese acompañamiento, en este caso le juega muy en contra; la gente quiere a Cristina pero no a muchos de sus seguidores.

El Papa Francisco, cuando sus visitantes le preguntan qué pueden hacer por él, siempre responde utilizando la misma frase: “Ayúdenme a cuidarme de los que me quieren cuidar”; y en este caso, nunca como antes, se aplica al accionar presidencial.

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