Tras sacar los tanques a la calle, el presidente acusó al “terrorismo”. Una semana trágica que dejó 36 víctimas fatales desde que estalló la crisis. Sube el petróleo y caen las Bolsas.
“Haré que mi gobierno renuncie hoy y mañana le daré objetivos claros. Voy a proteger a Egipto”, disparó con voz grave y marcial el presidente Hosni Mubarak, en un discurso televisivo en el que no dudó en acusar al “terrorismo” por los incidentes provocados en el país. Con 29 muertos –que se suman a los siete registrados desde el martes–, más de mil heridos, 900 detenidos y el máximo apagón informativo que registraron Internet y la telefonía celular en toda su historia, el gobierno dictatorial reprimió ayer a sangre y fuego a los miles de manifestantes que salieron a las calles de Egipto en reclamo de reformas democráticas, repudiando la delicada situación económica que atraviesa el país. La crisis hizo caer las Bolsas de todo el mundo y llevó el precio del barril del petróleo a 100 dólares.
El general que encabeza el Ejecutivo, aliado histórico de Washington, sacó los tanques a la calle, ordenó el toque de queda e intentó disuadir a los manifestantes con el fantasma de una plaza Tiananmen propia, evocando la masacre que en 1989 el Partido Comunista Chino desató contra los disidentes.
Los enfrentamientos entre policías y manifestantes se multiplicaron por doquier en la capital egipcia. Mientras los uniformados disparaban a la muchedumbre, atestada de jóvenes que gritaban “Mubarak, el avión te espera”, las protestas dejaban decenas de edificios gubernamentales incendiados, entre ellos la sede del oficialista Partido Nacional Democrático.
En El Cairo, los manifestantes comenzaron la jornada de furia luego de una multitudinaria plegaria de 2 mil personas. Desde las inmediaciones del palacio presidencial, los jóvenes intentaron avanzar hacia la céntrica plaza de La Libertad, epicentro de conflicto entre las fuerzas de seguridad y manifestantes que exigen el fin de la dictadura de treinta años.
Por primera vez desde que estallaron los disturbios, participaron de las protestas el Premio Nobel de la Paz Mohamed El Baradei –que se autopostuló para liderar una virtual transición y ayer estuvo en prisión domiciliaria–, y los Hermanos Musulmanes, la poderosa fuerza islamista que intentó descabezar el gobierno al detener a veinte de sus dirigentes más importantes.
“Egipto ha sido siempre el motor de los grandes cambios en el mundo árabe. No es lo mismo que caiga Túnez, que no tiene mucho peso ni siquiera en su zona geográfica, que lo haga Egipto. Su derrumbe tendría un efecto dominó que arrastraría a muchos países en la región”, aseguró a PERFIL Ignacio Alvarez Ossorio, profesor de Estudios Arabes e Islámicos de la Universidad de Alicante. Mientras las protestas arreciaban en Egipto, las movilizaciones se multiplicaban en Jordania, Arabia Saudita, Yemen y Túnez, germen de las revueltas populares en el mundo árabe.
Las marchas y la feroz represión motivaron a Estados Unidos a anunciar que, según como se desarrollen los acontecimientos, revisará su ayuda militar a Egipto, que suma 1.500 millones de dólares y es la segunda más importante luego de la ofrecida a Israel. “El principio de la defensa de los derechos ciudadanos es tan válido en Estados Unidos como en los países árabes”, opinó el presidente Barack Obama. Y el primer mandatario fue aún más allá, al despegarse del régimen que lo recibió en la Universidad de El Cairo el año pasado: “La gente en Egipto tiene que disponer de instrumentos para expresar sus legítimas discrepancias. La respuesta a esas aspiraciones no puede ser la violencia”.
Alarmados por las escenas de violencia registradas en Egipto, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y la canciller alemana, Angela Merkel, también presionaron ayer para que el gobierno egipcio garantizara la libertad de expresión y asociación en medio de una crisis que no cesa



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