Más modelo, pero con sintonía fina

Por Mariano Beristain

El remplazo de Lorenzino por Axel Kicillof como ministro de Economía tiene dos lecturas que no se pueden omitir. En primer lugar, Kicillof es un hombre de sólida formación heterodoxa que cree en la articulación público-privada pero siempre bajo el monitoreo del Estado.

Por ello, el hecho de que Kicillof ocupe el lugar de Lorenzino, un técnico que hizo toda su carrera profesional en la administración pública pero que durante los últimos año entretejió aceitadas relaciones con el establishment financiero, es toda una señal para aquellos que están interesados en saber cómo continuará el proyecto económico. Lorenzino no quedará huérfano, pero ahora se ocupará exclusivamente de lo relativo a la negociación de la deuda externa irresoluta, particularmente de los buitres y el Club de París. Entonces, queda en claro que se equivocaron aquellos que esperaban que tras su regreso la presidenta Cristina Fernández girara a posturas más conservadoras. El modelo socioeconómico inclusivo no sólo sigue vigente sino que los últimos cambios de Gabinete muestran que la cosmovisión heterodoxa del gobierno se consolida. Sin embargo, tanto las restricciones externas asociadas a las dificultades para preservar y consolidar las divisas como algunas dificultades internas vinculadas con la política de precios en medio de un contexto político complejo requieren recetas distintas. Esto explica las incorporaciones de Axel Kicillof a Economía y la de Juan Carlos Fábrega, un viejo conocedor del sector bancario y financiero, al Banco Central de la República Argentina. Ambos tendrán que poner de relieve sus condiciones para poner en marcha lo que la presidenta concibió como la "política fina" del modelo económico. Es necesario implementar medidas inteligentes para recuperar las reservas, una de las principales luces amarillas que preocupan al Ejecutivo y para lograrlo quien mejor que Fábrega, que conoce como nadie el paño. Por otra parte, es necesario avanzar en medidas concretas para mejorar la eficiencia del gasto público, desarrollar políticas que favorezcan la competitividad y avanzar en decisiones fundamentales que limiten el aumento de los precios sin recurirr a viejos menús que se traduzcan en ajustes monetarios o fiscales que afecten la calidad de vida de la población. Ese será el desafió que tiene por delante Kicillof, quien deberá trabajar codo a codo con Guillermo Moreno.

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