El “ministro infiltrado”, el Faro y el ruido

El “ministro infiltrado”, el Faro y el ruido

Tras participar de aquella reunión de Gabinete a la que faltó “Toto”, el trader sugirió una devaluación. Ya fue tentado para hablar en la Fundación que ostenta la batalla cultural libertaria. ¿Habrá cambios en el Quinto Piso?

 

Por Leandro Renou

Lo que termina apurando los plazos y poniendo en tensión el escenario son los malos números de la economía. Y, en menor medida, las internas políticas que hay en el Gobierno de Javier Milei respecto al rumbo económico hacia adelante. En las últimas horas, según supo Página/12 de fuentes oficiales, se incrementó el ruido en el Palacio de Hacienda y circularon sutiles críticas al desempeño del ministro Luis Caputo. Con la consecuente danza de nombres de supuestos reemplazos que, hasta ahora, nunca se cristalizaron.

A decir verdad, “Toto” parece un cuadro central, hoy, para que la inestabilidad del plan no sea mayor, pero sacudió la estantería la forma de moverse que empezó a tener el economista Alberto Ades, que llegó del exterior a presentar un libro y terminó sentado en una reunión de Gabinete y criticando, primero allí y luego en público en las últimas horas, cuestiones centrales de la política de “Toto”. Entre ellas lo cambiario, los niveles de actividad, el ahorro y el monetarismo. La posición que escribió en sus redes huele a un viraje del programa o, de mínima, no coincide para nada en el rumbo actual.

Además, según supo este diario, Ades ya fue invitado por la Fundación Faro para hablar allí antes de fin de mes -se especula con el día 29- en un evento en el Yacht Club en el cual la mesa ya se cobra 300 mil dólares. El dato es políticamente relevante por varias razones: Faro es el think tank de la batalla cultural libertaria que comandan Agustín Laje y que en lo operativo maneja Francisco Caputo, hermano de Santiago y sobrino del ministro de Economía. Llegar a Faro es llegar al corazón del partido libertario, al ente recaudador y al generador del discurso.

“Nació el primer ministeriable”

Desde el ministerio de Hacienda le restan peso a la consulta de qué hace Ades moviéndose cerca de la estructura oficial. Pero en los pasillos hay recelo por el lugar que le han dado Milei y, sobre todo Karina, su hermana y secretaria de la Presidencia. “Nació el primer ministeriable real”, aducen los más avispados y los que no quieren a Federico Sturzenegger, que se considera el primero en la línea de sucesión hace tiempo.

Ades es doctor de la Universidad de Harvard y uno de los referentes de la firma Vector Alpha. En su último libro, titulado “Lo que se desvanece”, Ades habla del impacto de la tecnología en la vida diaria, desde el niño al adulto. Y cuenta allí que su papá era gerente en una empresa textil de la localidad bonaerense de San Martín, justo el sector más demolido por la economía libertaria.

Radicado en Nueva York hace 30 años, cuentan los que saben que Ades se sumó a los números de teléfono frecuentes a los que Milei consulta seguido. Quien también fue trader en Goldman Sachs, el Citi y Merryl Lynch, le da al Presidente una visión algo más humana que la de Caputo, aunque su escasa participación en la escena local, en lugares selectos, lo hizo expresar en público que no ve una “recesión” porque los restaurantes están llenos. Eso que relata Ades pasa, hoy, sólo en lugares muy exclusivos.

Expone las diferencias en público

Este jueves, el economista que ahora se volvió un fetiche del Presidente usó su cuenta de la red social X para exponer en público sus diferencias con el programa. En un hilo extenso, primero elogió la idea de Milei y pidió banca social al programa, pero luego expuso puntos que chocan de frente con el plan económico actual.

Ades expresó que “creo que hay tres grandes preguntas macroeconómicas sobre las que me gustaría escuchar más ideas”. Y allí expresó varias ideas.

Por un lado, se preguntó si “¿Es demasiado restrictiva la política monetaria? Sin abandonar los objetivos de inflación, ¿hay margen para una calibración que alivie las condiciones financieras, facilite la inversión y permita que empresas potencialmente viables atraviesen la transición? ¿O los riesgos para la desinflación y la estabilidad cambiaria siguen siendo demasiado grandes?“. Aquí pone un dedo en la llaga y es central: sabe que el Gobierno mantiene el tipo de cambio congelado porque, de otra manera, habría una disparada en los precios que no podrían administrar de aquí a las elecciones del 2027.

En segundo lugar, Ades plantea “¿Cómo movilizar el enorme ahorro privado en dólares? Los argentinos mantienen un volumen de moneda y depósitos fuera del sistema bancario local del orden de USD 300.000 millones. ¿Qué condiciones, además de la Inocencia Fiscal, permitirían que una mayor parte de esos recursos se canalizara hacia los bancos o el mercado de capitales, ampliando la oferta de crédito bancario y no bancario? Cuesta imaginar una transformación productiva profunda sin una expansión significativa del crédito privado". En este caso, desliza que la actividad está caída, algo que el gobierno de Milei niega y Caputo minimiza. Por supuesto, supone que la clave para dinamizarla es que salgan los dólares del colchón. Nunca habla de política económica ni industrial.

“Last, but not least”, termina Ades, en inglés, para referir a que concluye con una pregunta que no por última es menos relevante. Y allí se pregunta si “¿ayudaría un tipo de cambio real más alto? Una depreciación real podría aliviar la presión sobre sectores que enfrentan una mayor competencia externa, favorecer al turismo receptivo y, por algunos canales, a actividades como la construcción. Pero también podría reducir los salarios reales, encarecer insumos importados y deprimir el consumo". Un final que parece, más que una contribución, una crítica directa al cuello de botella en que se metió el modelo económico libertario, que hoy personifica Caputo.

 

Comentá la nota