El mensaje debe ser coherente y sostenido

Por Laura Rocha

El comportamiento ciudadano respecto de los residuos es ambiguo y paradójico en la Capital. Es casi un dilema que mientras las quejas por la higiene urbana están al tope de los reclamos, pocas personas dan entidad a los mensajes oficiales respecto de sacar o no sacar la basura a la calle.

Es posible señalar fallas de ambos lados: una comunicación tardía o confusa por parte del gobierno porteño y las empresas encargadas de la recolección, y un marcado desinterés de los vecinos, que muchas veces entienden que los residuos dejan de ser un problema propio cuando traspasan el umbral de su puerta.

Como reza una conocida frase: la ciudad más limpia es la que menos se ensucia. Se pueden destinar miles de millones de pesos en la recolección y barrido de las grandes urbes, pero nunca será suficiente si el comportamiento vecinal no acompaña el esfuerzo.

Y la ciudad de Buenos Aires no puede decir que no tiene presupuesto. A las empresas recolectoras de residuos les destinan, por año, unos 4000 millones de pesos. A su vez, de ese presupuesto, el 3% -es decir, $ 120 millones- debe ser destinado a la comunicación y concientización. Así lo establece el pliego de concesión. Sin embargo, hay algo que aún no funciona.

El manejo de los desechos es una conducta ciudadana como lo es juntar las heces de los perros, consumir razonablemente el agua potable o usar con eficiencia la energía. Cuando los ciudadanos no perciben consecuencias respecto de sus comportamientos, es probable que sigan repitiéndolos.

Y las consecuencias no sólo son multas: queda claro que en el caso de los residuos si el servicio funciona mal o colapsa es cuando más se percibe el riesgo sanitario que pueden generar.

Pero es posible cambiar las conductas. ¿Alguien imaginó, hace una década, la condena social que hoy representa fumar en sitios cerrados? Mantener una comunicación coherente es la clave. Desde 2001, distintas administraciones porteñas lanzaron 10 campañas diferentes sobre los residuos.

En el nuevo contrato, los contenedores y las cooperativas de cartoneros son una nueva oportunidad para que deje de existir el ruido entre el emisor y el receptor del mensaje.

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