Una agenda urbana con deudas urgentes: conectividad, transporte, tránsito, estacionamiento, seguridad, usabilidad, espacios públicos, boliches, suciedad, contaminación, y varios más. Autoritarismo, arbitrariedades, corrupción y atraso institucional marcan la importancia de las elecciones del domingo.
Porque la ciudad cabecera de la provincia ha sido institucional y políticamente arrasada durante años, por una “cooperativa” de amigos y negocios que la ha mantenido en el atraso, el clientelismo, la corrupción y la pauperización de la calidad de vida de sus habitantes. La elección de concejales del próximo domingo es una buena oportunidad para poner en valor la participación de los vecinos, finalmente, los objetos de las políticas públicas. Al menos, deberían serlo.
En una ciudad que debería ser moderna el rol del Concejo Deliberante es clave. Pero en la Ciudad de Mendoza ha sido totalmente desvalorizado. De los doce concejales, el intendente cuenta con nueve propios y uno “prestado” del PJ, con lo que se ratifican sin más y sin discusiones en serio todas las iniciativas del Poder Ejecutivo. Hasta las más disparatadas. La mayoría de las votaciones en el cuerpo deliberativo terminan diez a dos, y se da la rara paradoja de que son más conocidos en la opinión pública los dos ediles de la oposición –aún resignados- que los diez oficialistas. Sería difícil hallar en la ciudad a una persona que pudiese mencionar de corrido a los concejales que suscriben sin más y a carpeta cerrada todo lo que dice el intendente. Pero hay que tomar conciencia: los concejales deben ser la voz de los vecinos y deben legislar para modernizar y poner a tono una ciudad que se ha estancado en logros del pasado, y que muestra poco nuevo bajo el sol en los últimos 15 años de los 30 que lleva el radicalismo capitalino –una suerte de “línea interna” no formal de la UCR- gobernando la Capital.
Las ciudades modernas buscan transformarse en amigables para los vecinos. Ciudades amables y “vivibles” que progresan con los avances tecnológicos. Sobre todo aquellas que reciben recursos generosos como Capital, que este año ha planeado gastar 672 millones de pesos -tres veces más que en 2010, en el año de la anterior renovación “desdoblada” de concejales- sin que los servicios a los vecinos y las obras hayan mejorado significativamente o, menos aún, multiplicado por tres.
El ejido municipal de la capital es el más pequeño de la provincia con 54 kilómetros cuadrados y encierra una población que el INDEC ha proyectado para el 2015 en aproximadamente 130.000 habitantes. Es el séptimo municipio mendocino en población pero el que mejor atención recibe en obras del gobierno nacional, merced a la relación política y personal del intendente Víctor Fayad con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Para comparar: el municipio tiene el doble de empleados que la comuna de Godoy Cruz (Capital cuenta más de 2.900 empleos y otros 200 en horas cátedra según el Presupuesto 2014) para atender la mitad de la población que su colega Alfredo Cornejo, y tiene aportantes generosos. En ese sentido la Ciudad de Mendoza resulta privilegiada: presupuesto alto, gran cantidad de oficinas comerciales y profesionales que pagan tasas altas, tiene radicados los hoteles más importantes y el funcionamiento del Estado provincial. Sin embargo, el 80 % de los recursos recaudados se va en gastos corrientes.
El hecho de ser una ciudad pequeña debería facilitar el contacto y la participación de los vecinos, que han sido prácticamente marginados de las decisiones al punto que la banca que tienen asignada en el Concejo casi no se utiliza. La presidencia del Deliberante, además, no habilita la participación de vecinos que puedan llevar al recinto temas incómodos, denuncias de corrupción, o problemas de funcionamiento. De esa “clausura” es responsable el presidente del cuerpo Rodolfo Suárez, quien será reelecto con seguridad este fin de semana por otros cuatro años con la expectativa de ser el próximo intendente, a causa de la grave enfermedad del intendente Víctor Fayad, quien se retiraría antes de 2015 para dedicar más tiempo a su tratamiento médico. Suárez, ya sea presidiendo el cuerpo o reemplazando a Fayad en la intendencia, ha sido un buen encubridor de los desaguisados del municipio.
Con las ventajas enumeradas, es muy difícil explicar por qué Mendoza ha pasado de ser una ciudad moderna a una que atrasa. Por eso es importante votar, porque los vecinos deben retomar el control de la ciudad y volver a hacer de ella un lugar agradable para vivir. Para ello hay que revertir un proceso de involución de la Ciudad de Mendoza que sólo puede explicarse en la administración deficiente, autoritaria y esencialmente corrupta del gobierno municipal. Una buena porción de playas de estacionamiento de la ciudad -un negocio próspero, seguro y rentable merced a los problemas de tránsito y estacionamiento de la capital- pertenecen a funcionarios y ex funcionarios radicales y a sus familias. Algunos de ellos aún están en la función y no tienen reparos en ir a controlar la “caja diaria” del negocio a la vista de cualquiera. Esto es sólo una parte. Ya hay causas judiciales por la extorsión de funcionarios de bajo nivel a cuidacoches y limpiavidrios, y está en marcha en la Justicia Federal la causa por uno de los prostíbulos VIP que funcionaba en la ciudad, cuyo “óbolo” pasaba a recoger un inspector –ahora preso- muy relacionado a uno de los funcionarios del riñón íntimo del intendente Fayad, Carlos Di Pasquale, su cuñado y amigo. Hay funcionarios y ex funcionarios y familiares y amigos que son propietarios de discos, restaurantes y pubs, algunos de dudosa reputación, varios de ellos con ventajas de locación y funcionamiento que se ponen en marcha mediante habilitaciones de validez cuestionada, que además hacen muy difícil la vida de sus vecinos. Todo depende de obtener el contacto adecuado. Otros funcionarios o ex funcionarios muestran riquezas difíciles de explicar: lujosas viviendas en countries de Maipú y Luján, vehículos costosos y viajes al exterior son moneda corriente para la “cooperativa” de un municipio próspero… a cuenta de los vecinos.
Alguien podría argumentar que las corrupciones son pequeñas y que se han hecho muchísimas obras. Pero con un presupuesto tan generoso, la Nave Cultural y la lavada de cara del acuario municipal o la puesta en valor de algunas plazas no resultan suficientes, y esto por no contar que la repavimentación de la Avenida Boulogne Sur Mer comenzó a perder adoquines a los diez minutos de haber sido inaugurada; de la misma forma que el repavimentado de la Cuarta Sección y del Centro sufre roturas constantes. Los ediles de la oposición no consiguieron avanzar pedidos de informe en este sentido. El Parque Central, a propósito, fue planificado y solventado en gestiones anteriores, y en la actual su mantenimiento es deficiente. Entonces, el “roba pero hace” tan habitual de la tolerancia argentina, en el caso capitalino no cuadra. Y la Capital se ha ido estancando: ahora es una ciudad que atrasa. Ha sido apenas maquillada con una cosmética cara y de baja calidad que no hizo ninguna transformación seria.
Los ensayos de modernidad naufragan en la escasez. La Ciudad que presume de ser “Ciudad Digital” y “2.0” tiene sólo siete nodos de conexión libre a Internet a una velocidad máxima de 256 KPBS, propia de cuando no existía la banda ancha y que haría morir de risa a las ciudades digitales en serio no ya del primer mundo, sino de América Latina. Medellín es un ejemplo de regeneración urbana y ha planificado para este año internet de alta velocidad en sus trenes. Está bien que su población es 15 veces mayor a nuestra capital, pero si fuese una cuestión de escalas, aquí debería ser más sencillo. La Ciudad de Mendoza debería parecerse a San Antonio, en Texas, donde reciben el 20 % de su población en turismo por día, pero aquí los paseamos en una “bañera” color naranja ida y vuelta al Parque San Martín, la que convive con el nuevo Bus Turístico.
El estacionamiento “manual” que se maneja con un sistema clientelar que ha permitido corrupción con tarjeteros; el amontonamiento de colectivos y automóviles en calles que son clave como vías de acceso y de escape, la contaminación sonora en el microcentro, el derrumbe del centro mendocino como lugar atractivo de paseos, empobreciendo bienes y servicios que lo han transformado en una suerte de gran “Persa” a excepción de algunas grandes marcas y casas comerciales que resisten la pauperización, la inseguridad prácticamente por hora, la suciedad, el desorden urbano, las bandas de trapitos y “cuidacoches” que sobre todo en las noches extorsionan a los paseantes por cifras que arrancan en los 50 pesos en la calle Arístides Villanueva, por caso, son señales de una ciudad que atrasa.
La decadencia se nota en un “afeamiento” progresivo de los lugares turísticos y de paseo aún de los capitalinos, o que deberían serlo; de la inseguridad en el centro –particularmente en la Plaza Independencia- y de la infraestructura escasa. En la gestión de Fayad el 80 % del presupuesto se destina a gastos corrientes y con los fondos que se han recibido del gobierno de la Nación se han pavimentado calles, instalado semáforos y bicisendas inseguras y sin planificación. Pero falta urbanización de los barrios del Oeste, que están abandonados; y hay amplias zonas de la capital, como la Cuarta Sección, que en lugar de ser un pequeño San Telmo mendocino es una zona roja, insegura, violenta, y de construcciones que por poco no se vienen abajo. La Municipalidad debería financiar, gestionar, y poner en marcha una verdadera transformación del tesoro fundacional de esta ciudad, hoy convertido en zona de pelea del narcomenudeo y el sexo rentado.
En cada elección, indigna ver el desfile de las “Traffics” que arrean la gente a votar. Presos de un clientelismo miserable, los habitantes del Oeste son presionados por punteros para el trabajo político. Cada vecino debe llevar y asegurar una cantidad importante de votantes por las listas del intendente, so pena de perder planes, subsidios o alguna ayuda comunal. “Qué bueno que limpian cuando viene alguien famoso” relató un vecino del barrio San Martín la semana pasada. Ni estaba enterado de las elecciones del domingo, pero ya había visto pasar a Julio Cobos con Fayad y a Miguel del Sel con el candidato del PRO, Gustavo Senetiner. En el Oeste el apriete es moneda corriente, por no hablar de las bandas de narco delincuentes que mantienen a los vecinos del lugar absolutamente atemorizados. Faltan mejores condiciones de vida y trabajo digno en lugar de la clientelización. Aún es incomprensible que los partidos mayoritarios mantengan a la gente en la esclavitud, llevándoles a votar a escuelas del centro en cada jornada electoral en lugar de permitírseles hacerlo en sus barrios. En esas zonas postergadas, los vecinos no conocen a los funcionarios, salvo los directamente relacionados con el asistencialismo, y muchos no vieron nunca a un concejal.
En la Sexta Sección, los vecinos cuentan que están virtualmente tapados de basura, y que las acequias están abandonadas e invadidas de ratas. La basura, la mugre en la ciudad –tal como contamos días atrás- es un problema que ha ido creciendo de la mano de las malas costumbres, los malos servicios de la Municipalidad, y el impacto enorme de las casi 300.000 personas que llegan cada día a la Capital para trabajar, estudiar, o hacer trámites. Hay zonas que son poco menos que inhabitables o intransitables por la basura. Las calles son insoportablemente sucias, lo mismo que las veredas. El antiguo esplendor de las aceras mendocinas no existe más, y es habitual ver la invasión de ratas –pericotes enormes, marrones y negros- en las acequias. Muchas ya están –incluso- acostumbradas a la gente y se pasean muy orondos por las calles. Hay arterias cuya suciedad parece incontrolable: Lavalle, Catamarca, Buenos Aires, Rioja, Las Heras, Godoy Cruz, Barcala, Patricias Mendocinas, 9 de Julio; son algunas de las vías más mugrientas de la ciudad. Negocios enteros se montan alrededor de los residuos, entre el trabajo del cartoneo y los camioncitos “chancheros” que sin habilitación alguna recogen basura que la comuna no levanta, para alimentar porcinos que luego son faenados para la venta en todo en el Gran Mendoza, inclusive la capital.
El uso del espacio público debe formar parte de la agenda de los concejales. Con las “llaves” adecuadas y recursos, cualquiera puede plantar una torre de los pisos que sean en zonas residenciales sin importar qué derechos se violen, con la misma facilidad con que decenas y decenas de comerciantes ocupan espacios con mesas y sillas sin permiso ni habilitación, transformando las veredas en verdaderos “slalom” para habilidosos. Lo mismo ocurre con las zonas en donde pueden funcionar determinados tipos de negocios, y los que no. La zona residencial que limita con Godoy Cruz se ha transformado en invivible a causa de los boliches instalados del lado capitalino sobre las calles Barraquero, San Juan, San Martín, Morón, y varias más. Peleas constantes, hechos de inseguridad, chicos alcoholizados a cualquier hora son la consecuencia de las habilitaciones incomprensibles para locales de esparcimiento en zona residencial. El panorama es de mayor poder adquisitivo alrededor de los bares de la calle Arístides, pero los problemas urbanos son parecidos.
Es cierto que la inseguridad es un tema provincial y un fenómeno global que escapa a simples concejales. Pero los ediles deben saber que hay zonas liberadas para la venta de droga. Es habitual ver a cualquier hora del día a los “deliverys” de droga, o a muchos cuidacoches que usufructúan parte del negocio narco minorista. El colmo es ver a trapitos y preventores municipales haciendo el “clearing” del día en las plazas cercanas al Barrio Cívico, a uno y otro lado de Pedro Molina.
La agenda urbana de la Capital es inagotable. Pero a la vez es importante el capítulo institucional. No puede haber ciudades modernas y habitables gobernadas por un sistema corrupto y esencialmente arbitrario, en el que la administración hace lo que le da la gana a una sola persona sin reparar en costos dinerarios, legales, sociales, o judiciales. La ciudad de Mendoza está sometida a los arbitrios de un intendente que se volvió autoritario, absolutista, y que mantiene para sí el 83 % del Concejo Deliberante con nueve ediles propios y uno cómplice. Esa es la verdadera “Ciudad Maravillosa” de los mendocinos que no todos ven, ya sea por el silencio, porque la gente no se entera, o por la red de complicidades que ha ocultado la mayoría de los problemas de Capital durante años: mayor pobreza, más suciedad, descontrol callejero, tránsito y estacionamiento descontrolados, excepciones permanentes a la edificación permitida, prostitución y zonas rojas con complicidad de los funcionarios, menos servicios, poco eficientes y caros, falta de transparencia en la información y clausura a los métodos de participación de los vecinos en juntas dominadas en su mayoría por “punteros” del intendente, más varios de los problemas ya descriptos. Todo ello ha estado ocurriendo mientras funcionarios, familias enteras enquistadas en la municipalidad, y muchos adláteres del intendente se fueron enriqueciendo de manera personal ante una ciudad que no progresó como Córdoba. Rosario, o Buenos Aires, y que en lugar de parecerse a ciudades como San Antonio o Bilbao se parece cada vez más a las poblaciones anticuadas de África, con el perdón de los africanos. Mala calidad institucional e involución en el progreso son el marco general.
Los casos de corrupción han abundado en estos años y serían motivo de otro trabajo. Sin embargo, hay que decir que las decisiones arbitrarias tienen costos para los vecinos. Algunos de ellos son judiciales y pasan de la anécdota de entrecasa a los estrados, como el caso de la jueza de tránsito que le ganó -en la Suprema Corte- un juicio laboral a la Municipalidad, luego de haber soportado humillaciones y abusos indecibles de parte del propio intendente Fayad. Los vecinos pagarán esa cuenta por culpa de un capricho, de un jefe comunal que dejó de lado las apariencias democráticas e incluso está procesado, imputado, y en juicio oral (postergado) por amenazas agravadas y anónimas a la prensa y a opositores.
Los empleados de la Municipalidad viven bajo un régimen de terror. Muchos son obligados a participar de actividad proselitista del intendente, y muchos otros son militantes rentados a cuenta de los vecinos, como el grupo de preventores e inspectores que el año pasado acompañó al jefe comunal por la provincia, haciendo campaña contra Cobos y la UCR, con quien ahora recorren juntos las barriadas mendocinas. La delación, el silencio, las arbitrariedades, el maltrato laboral y los abusos son moneda corriente y rutina diaria de muchos empleados municipales. El año pasado fue el colmo, cuando varios renunciaron a la UCR para pasarse al Partido Federal. Los que no lo hicieron fueron castigados, y les quitaron adicionales salariales en concepto del reparto de la revista comunal y la boleta de las tasas municipales.
El régimen personalista de Fayad ha derruido la institucionalidad de la Capital. La calidad democrática de la ciudad es menor a otras, y la corrupción en distintos niveles es alta. En ese marco de cuasi-esclavitud, es muy difícil trabajar para una ciudad moderna y “vivible”, sustentable, limpia, comunicada, y útil. Más bien el camino es el inverso. Por eso son importantes las elecciones de este domingo. Para dar un mensaje y demostrar que los vecinos de la Capital no son de conformarse con lo que hay, y que quieren reiniciar la búsqueda que promovieron cuando volvieron a votar a Fayad en 2007, pensando tal vez que era aquel “Viti” de los ’90 que hizo transformaciones duraderas –algunas muy cuestionadas-. Hoy, el intendente cambia las manos de las calles o permite o no la venta ambulante según sus estados de ánimo.
La ciudad de Mendoza puede ser mejor de lo que es. Hoy está lejos del relato de “Ciudad Maravillosa” que promueve la comuna. Y la herramienta del cambio está en manos de los vecinos. Por eso es importante la elección de este domingo, aunque fuere en una renovación de concejales.






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