Desde un recorrido en La Boca hasta una visita por el circuito de museos. De un pinic en el Parque Centenario a una caminata por la Costanera Sur, pasando por las mejores ferias de San Telmo. Las mejores opciones para aprovechar el tiempo libre en la ciudad.
Los taxistas insisten en que la mejor Buenos Aires es la de enero, en vacaciones, cuando no hay gente, ni autos (ni mucho trabajo). El estrés de los conductores es un termómetro que no mide los 40 grados a la sombra del asfalto porteño, ese gris caliente que pesa en quienes “las vacaciones” son sólo días sin trabajar, cero escapada: ni mar ni sierra y con los chicos aburridos en el hogar.
Más allá del calor y la humedad, la ciudad está linda, semivacía. Y el verano en Buenos Aires es una oportunidad para ser turista en la propia ciudad. Por eso sugerimos algunas propuestas para pasar los días del primer mes del año. Con o sin niños. Con o sin plata. Pero siempre con mucha agua.
Pedalear hasta la Boca
Arrancar a la mañana de cualquier día, desempolvar las bicicletas, mirar bien el recorrido de las bicisendas para que los chicos no tengan problemas, pedalear, pedalear, pedalear y llegar a Caminito. Para empezar se puede conocer la que fue la casa de Benito Quinquela Martín, hoy un museo que expone sus cuadros y algunos muebles, un edificio fresco y con entrada gratuita. Desde la magnífica terraza se puede admirar la Bombonera o el Riachuelo, ese que retrataba Quinquela en sus cuadros. Al salir casi que te chocás con la feria de artesanías: recorrer los puestos, elegir un regalito, sacarse fotos con los conventillos de colores de fondo.
En La Boca, la oferta gastronómica es grande y a medida que se aleja unas cuadras de Caminito, es más barata. Pero mejor tomar el café en la bellísima terraza de la Fundación PROA, mirando –otra vez– las barcazas lentas que atraviesan el Riachuelo, el puente por el que cruzaron columnas de obreros el 17 de octubre de 1945. Un paisaje que ayuda a juntar aliento para hacer otro tirón.
Si se puede pagar unos pesos, siempre vale la pena recorrer la muestra que ofrece PROA. Otra posibilidad es pedalear hasta la Usina del Arte, pasar el rato aprovechando la programación y almorzar en El Obrero. El mítico restaurante boquense no es muy barato, pero sus platos son generosos como para compartir.
Con el gusto a tango que dejan los barrios del sur se puede pasar por el Parque Lezama –ahora en refacción– y detenerse en el Museo Histórico Nacional, esa enorme casona que mira hacia la avenida Caseros. Los fines de semana hay días de feria de artesanías y de usados.
Si para enero obró el milagro y la obra terminó, el Parque Lezama tiene esas barrancas geniales para tirarse en bici o patineta, el viento cálido –caliente– en la cara de los chicos y las carcajadas al final. Para terminar siempre se puede caminar por Caseros hasta la zona de bares cool y tomar un jugo bien fresquito. Si ya cayó la tarde, los que están sin niños pueden esperar un rato y entrar al Torcuato Tasso que siempre sorprende con un 2 x 4.
Picnic en el Centenario
Un lindo plan es recuperar la canasta del fondo del lavadero, pensar un menú y programar mantel –sí, mantel a cuadros que grita picnic como antes de existir las cadenas de comida rápida. La noche anterior poner botellas llenas por mitad con agua a congelar para que haya mitad agua, mitad hielo, preparar sanguchitos, frutas, huevos duros y tomates cherry, todo fácil de comer con la mano. Llegar al Parque Centenario, buscar un arbolito cerca del lago y guardar migas de pan para los patos y los peces de colores.
El Centenario está arreglado, tiene varias zonas de juego, hay una fuente ideal para que los chicos jueguen a mojarse y una gran feria de artesanías, libros y “de todo un poco”. Están los que regalan cachorritos si se está pensando en la aventura de sumar un nuevo miembro a la familia.
Cuando el calor abruma o los chicos ya están entrando en “zona de aburrimiento”, se puede avanzar hacia el Museo de Ciencias Naturales y ver enormes dinosaurios y pequeñas arañitas. Es un edificio enorme sobre Ángel Gallardo 490. La programación incluye juegos con los chicos. Se puede averiguar cuándo en www.macn.gov.ar/contGral/home.php.
Al lado, está la Asociación Amigos de la Astronomía (Av. Patricias Argentinas 550). Las actividades están programadas para el atardecer: entrada la noche se disponen los telescopios para mirar las estrellas. De día tienen una plaza de planetas para que los chicos puedan jugar. Finalmente, el Parque Centenario tiene un anfiteatro donde se brindan espectáculos musicales de los más diversos. No hay que irse sin pasar por ahí. Para los que siempre pueden un poco más, en Ángel Gallardo y Corrientes está la tradicional y refaccionada Pizzería El Trébol.
Picnic en Lugano
Silletas, mantel, tablitas de madera y vasos de metal. Hacer un asado siempre es un buen plan y para eso está el renovado Parque Roca (3490), en la zona sur, cerca del Autódromo. Mucho verde, juegos y la sensación de día de campo. Un buen picnic exige prever algunas cosas, conseguir una heladerita o armar una con botellas de agua congelada, comprar la carne y el carbón. La picada, ensaladera, condimentos.
Para los chicos lo mejor es llevar varios juegos, ropa que se ensucie y se moje sin problema, pelotas, cartas, raquetas, soga de saltar y pistolitas de agua, algo que saque el calor y los haga correr un rato lejos de la parrilla.
Pero para los que les gusta moverse, la zona sur ofrece más. Cruzando Lugano I y II, está la “Playa” del Parque Indoamericano: arena, canchas de vóley, silletas, sombrillas, duchas y hasta alguna biblioteca pequeña, todo bien amarillo, pero que se puede usar gratis. Otra posibilidad en la zona son las piletas de Parque Ribera Sur, con tarifas especiales para los municipales. El acceso a la pileta, para mayores de 12, ronda los 100 pesos. En lo que supo ser el mítico Parque de la Ciudad, hoy funciona Ciudad Rock. Habrá que esperar a los fines de semana de febrero para los recitales gratuitos de Miranda, Tan Biónica, Dred Mar I e Illya Kuryaki.
Circuito de museos
Oferta irresistible: museos fresquitos y transporte gratuito. Casi todos los días a partir de las 14.30 sale desde Alem y Sarmiento una combi que recorre un circuito de museos. La vuelta completa dura unas tres horas y regresa al punto del que partió. Uno de los circuitos incluye el Museo Nacional de Arte Decorativo, el Palais de Glace y el Museo Evita. El otro incluye el Museo Nacional de Bellas Artes y la Casa Nacional del Bicentenario. Ambos circuitos parten de lo que fue el Correo Central, actual Centro Cultural Presidente Néstor Kirchner. Para ser uno de los 35 visitantes hay que hacer la reserva en ronda@igualdadcultural.gob.ar.
Los porteños no solemos visitar museos (excepto la Noche de los Museos) y pasamos por la puerta sin preguntarnos qué habrá. Hay cosas hermosas. Por ejemplo, en el Museo de Arte Decorativo podemos encontrar una muestra estable de muebles, juguetes y objetos de distintas épocas. Durante enero está la impactante muestra: “Demasiado joven para casarse”, fotos de “matrimonios” de nenas con adultos, práctica vigente en 50 países.
Si ya estamos en el centro y tenemos ganas de seguir paseando, podemos acercarnos al Museo del Bicentenario, y en la parte trasera de la Casa Rosada, atravesando la Plaza de Mayo, al Museo Nacional del Cabildo.
San Telmo: historietas y ferias
Bajando por Balcarce, está el Paseo de la Historieta, para sacarse fotos con los personajes de la infancia, contarles a los chicos sobre Clemente, Larguirucho y Mafalda. San Telmo es un clásico paseo de negocios de antigüedades, esculturas, lámparas, juguetes. En el antiguo mercado municipal (Bolívar y Carlos Calvo) hay desde verdulerías con frutas exóticas hasta juguetes, ropa y vajilla de la bisabuela. Y barcitos para parar por un café.
Unas cuadras y otra vez nos encontramos con una feria de artesanías que va por Defensa desde Independencia hasta San Juan. Cerrando este paseo, el aire libre de la Plaza Dorrego es mucho mejor que cualquier aire acondicionado: sidra tirada, picadita y los bailarines de tango despiden una jornada de museos e historia.
Bosques de Palermo
Otro clásico para el picnic es Palermo: patos y barquitos a pedal para pasear por el lago. La mayoría prefiere aprovechar para llevar bicicletas o rollers y que los chicos aprendan a andar en las calles internas de los bosques que están cerradas al tránsito los fines de semana.
Aunque se puede pensar que por ser Palermo todo es caro, hay que saber que hay un montón de personas vendiendo panes caseros, galletitas o tortas hechas en casa y que con llevar el mate alcanzaría si uno prefiere gastar un poco y no cargar tanto peso.
En el medio de los bosques, además del romántico Rosedal, está el Museo Sívori; la muestra estable es bella, pero siempre podemos sorprendernos con la exposición de la fecha. El Sívori tiene un fresco jardín interno y una confitería que bien valen un parate. Los que sospechan que los chicos odiarán pasar vacaciones en los museos podrán verificar que el arte impacta en la mirada de los chicos de una forma intensa. Cuanto más pequeños accedan al arte, más tiempo podrán abrazar ese mundo expresivo.
Además, Palermo tiene el Planetario, un párrafo aparte para este asunto de entrar en el universo en plena ciudad: en medio del día se hace de noche y se ven cosas maravillosas. Una exposición de meteoritos y piedras para descubrir el mundo de afuera, pero además hay espectáculos para chicos y grandes por 30 o 50 pesos. Claro que es fresco, si de lo que se trata es de escapar un rato del sol, pero sobre todo es uno de esos lugares a los que se va en tercer grado y al que la inmensa mayoría nunca volvió. Hora de reparar ese error.
Para ir cerrando, cuando el sol ya no está tan fuerte, se puede pasar por el Zoológico (Av. Sarmiento y Las Heras). No todo el mundo es muy amigo de ver a los animales encerrados ni de pagar una entrada tan cara (130, aunque sólo los adultos pagan y hay promociones), pero a los chicos siempre les gusta darles de comer a los animales. Para los que buscan un rato de perfecta paz, justo en frente está el Botánico, los gatitos andan sueltos y es un espacio fresco, muy fresco y natural, en medio del fragor de Plaza Italia.
Si no nos agarró el cansancio, recordemos que estamos a cuadras de Palermo Viejo: bares, indumentaria, gastronomía, diseño. O simplemente sentarse en algún bar y pedir una cerveza: una buena manera de dejar caer la tarde y de disfrutar con la familia.
Costanera Sur
Una última propuesta es la Costanera Sur. Al fondo de la avenida Belgrano está la Reserva Ecológica, mucho para caminar y llegar al río, tirar piedritas y tratar de ver algún cuis que se cruce en el camino. La Reserva es lo más parecido a la agreste, florida y misteriosa Costanera Sur que conocimos los mayorcitos, antes de convertirse en el lujoso Puerto Madero.
La reserva no es sólo verde, también son los bichos que se refugiaron en este pedacito de vida en medio del asfalto. Las 307 especies de aves que se pueden observar en verano van desde patos y cisnes hasta flamencos y benteveos. Hay circuitos más y menos largos, y se pueden alquilar bicis. Después, el olor a bondiola de los carritos es irresistible, se puede almorzar con poca plata y cada vez hay más oferta de ensaladas para agregarle al sándwich. Con la panza llena es grato descansar bajo los árboles, antes de que los chicos nos obliguen a corretear un rato o jugar a la pelota. Una variante es caminar hacia Puerto Madero y que los chicos disfruten de las enormes plazas con juegos didácticos y bien cuidados, sino se puede cruzar el Puente de la Mujer. El Buque Museo Fragata Sarmiento se fue de vacaciones a Mar del Plata así que habrá que esperar hasta marzo para que los chicos vean cómo son esos enormes barcos, contarles que el buque salió al mar por primera vez en 1898 y funcionó hasta 1961. ¡O tomar el timón y jugar a ser piratas!
Las posibilidades de Buenos Aires son infinitas, pero ya es hora de descansar un poco.

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