Fernando GonzalezLa corrupción es un fantasma que persigue a la política argentina. Con mayor o menor protagonismo ha sido parte de todos los gobiernos desde la restauración democrática: solapada con Raúl Alfonsín; exhuberante con Carlos Menem; parlamentaria con Fernando De la Rúa y paulatinamente creciente con el kirchnerismo.
El fallo del juez Norberto Oyarbide castiga el modo arbitrario en que el ex funcionario de la Superintendencia de Salud repartió 48 millones de pesos destinados a las obras sociales entre los sindicalistas amigos del poder, con el actual titular de la CGT, Hugo Moyano, como principal beneficiado. Debería ser un llamado de atención para la Presidenta, quien hace diez días acaba de transferirle a sus aliados gremiales 250 millones que llegarán a 1.000 millones antes de las elecciones de octubre.






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