La estructura de Sergio Massa se diluye, pero igual anunciaría hoy que mantendrá su candidatura presidencial. Daniel Scioli se enfrenta a una encrucijada ante un gobierno nacional que lo está dejando mal parado, mientras que Mauricio Macri sigue sin poder hacer pie en la Provincia
La decisión de mantener la candidatura presidencial, que hoy comunicaría Sergio Massa, puso al mapa político nacional y al bonaerense al rojo vivo. Ocurre que el desplome de Massa en las encuestas y la desintegración de su armado político en la Provincia, producto de la fuga masiva de intendentes que en las últimas semanas se fueron del Frente Renovador para volver al oficialismo para apoyar la candidatura de Daniel Scioli, mostraba un panorama donde tanto el gobernador bonaerense como Mauricio Macri se posicionaban como los protagonistas excluyentes de las Paso que se realizarán en agosto y de los comicios generales de octubre.
Concretamente, si Massa finalmente se bajaba o iba como candidato a gobernador, a nivel nacional el componente peronista de su armado iba a terminar refugiándose en el sciolismo, mientras que el macrismo se iba a beneficiar con los sectores filo radicales, independientes o marcadamente anti K que se habían sumado al espacio liderado por el intendente de Tigre.
Ahora bien, por más que Massa mantenga su candidatura, no hay señales concretas de que su debacle no continúe. En rigor, la decisión de seguir en la contienda, lo que hace es alterar los tiempos políticos y es muy difícil que los principales candidatos ganen en primera vuelta, teniendo que prepararse para un balotaje.
Ante este panorama, en la recta final de la definición de las candidaturas y de las alianzas, Daniel Scioli juega a lo Scioli. Es decir, muestra su perfil de persona afable, abierta al diálogo, que evita atacar a los opositores y que es mucho menos belicoso que la presidenta Cristina Kirchner. Ahora bien, las circunstancias que se están generando ponen al gobernador en una verdadera encrucijada y muchos, en su mesa chica, plantean el siguiente interrogante: ¿se puede seguir aceptando todas las imposiciones de la Casa Rosada, cuando la presidenta tiene el boleto picado?
La realidad indica que hay alrededor de un 70% del electorado que no quiere saber más nada con el kirchnerismo. Por eso, no son pocos los sciolistas que están preocupados ante la posibilidad de que en las listas aparezca el apellido Kirchner, ya sea el de la propia presidenta o el de su hijo Máximo, que generaría una polarización. La inquietud se traslada a los propios kirchneristas: ¿hasta qué punto le conviene a CFK ser candidata cuando, en caso de meterse en la pelea electoral, podría convertirse en la principal responsable de una derrota que la dejaría totalmente marginada del tablero político después del 10 de diciembre?
La posibilidad de tener que llevar en la boleta como candidato a gobernador a un personaje como Aníbal Fernández también genera preocupación en la mesa chica del sciolismo. Ocurre que el jefe de Gabinete se ha convertido en uno de los políticos que más rechazo genera en el electorado y que, desde que volvió a asumir como jefe de gabinete, no hace más que protagonizar papelones. Sus declaraciones de ayer, diciendo que en la Argentina hay menos pobreza que en Alemania, es una clara muestra de ello (ver página 6).
En las últimas semanas, el gobernador bonaerense cedió a algunas de las presiones de la Casa Rosada y kirchnerizó la campaña. Los carteles de color naranja empezaron a ser reemplazados por otras pancartas, con el slogan “Scioli para la Victoria”. Fue un mensaje destinado para contentar al núcleo duro del kirchnerismo, pero repele al voto moderado o independiente que podría resultar determinante cuando llegue el momento de contar los porotos. Scioli necesite obtener más del 40% de los votos, y 10 puntos de ventaja sobre Macri, para evitar el balotaje. En una eventual segunda vuelta, al sciolismo se le hará complicado sumar el apoyo de una parte importante del 70% del electorado que considera que es necesario un cambio de rumbo en el país.
La continuidad de la candidatura de Massa también genera dolores de cabeza para Macri que no logra hacer pie en la provincia de Buenos Aires, que concentra el 40% del padrón electoral, al carecer de un candidato competitivo. En los últimos meses, el jefe de gobierno porteño intentó moderar el componente “gorila” de su armado, diciendo que se siente identificado con los ideales del peronismo y hasta integró algunos grupos menores del PJ bonaerense a su espacio, como es el caso del intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, y el sindicalista Gerónimo “Momo” Venegas. Pese a ello, la candidatura de la macrista María Eugenia Vidal en la principal provincia del país sigue sin mover el amperímetro y, en este escenario, la decisión de no aliarse con Massa hasta podría jugarle en contra.
El jefe de gobierno porteño, hasta el momento, sólo está dispuesto a escuchar las sugerencias que le hace su asesor de imagen, el ecuatoriano Luis Durán Barba, que se muestra reacio a cualquier alianza con sectores mayoritarios del peronismo, lo que ha llevado a que el macrismo esté en una encerrona al no poder ampliar su base de sustentación.
Se viven horas decisivas para los candidatos que aspiran a conducir el país a partir del 10 de diciembre. Las traiciones, las operaciones y los saltos de garrocha, están a la orden del día, y no hacen más que sumar más elementos al estado de confusión generalizada.







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