Aunque las elecciones se harán en 2015, la suerte de quienes aspiran a suceder al gobernador, José Alperovich, se definirá este año.
Del intendente todos esperan que grite fuerte y rompa con Alperovich. Pero eso no sucederá porque, sencillamente, ni a Amaya ni al gobernador les conviene. Al menos en el corto plazo. Sí, en cambio, el jefe municipal seguirá con su juego de insinuaciones y diferencias con el alperovichismo.
Amaya se considera con derecho adquirido para suceder al mandatario. Siente que está legitimado y que, así como el Banco Central pierde reservas en dólares día a día, la Casa de Gobierno sufre un goteo similar de poder cada 24 horas. Su diagnóstico no es errado, por eso el alperovichismo intentó en las últimas semanas abrazarlo públicamente.
El problema del jefe municipal es que, al fin y al cabo, sigue siendo oficialista y kirchnerista. Y potencia esas características a cada paso que da: encuentro con Daniel Scioli en Pinamar y foto con Alperovich en Tucumán, además de su chisporroteo con el massismo de entrecasa.
El intendente aspira a ser el número uno de la eventual fórmula del Frente para la Victoria, pero en el Palacio Gubernamental le tienen abrochado el número dos en cualquier dupla que se baraje. ¿Aceptará Amaya las condiciones que le imponga Alperovich? ¿Cuánto más esperará el intendente que le llegue la carroza del oficialismo?
Desde Buenos Aires, y empujado por el grupo de legisladores de mayor antigüedad en el bloque Tucumán Crece, Manzur pispea lo que ocurre en la provincia y sostiene que, tras secundar en dos ocasiones a Alperovich, tiene el deber de reemplazarlo. Al postulante testimonial serial no le cayeron bien las últimas fotos entre el intendente y el gobernador ni, mucho menos, las loas que el mandatario regaló al jefe municipal.
A la distancia, todo se agiganta. Por eso su equipo comenzó a preparar el terreno para aterrizar definitivamente en la provincia a mitad de año.
El objetivo de Manzur es regresar a su rol de vicegobernador antes de que finalice 2014 y, desde el poder que le brinda la lapicera de los gastos sociales y los millares de contratos que reparte a su antojo la Legislatura, tener nuevamente en “un puño” la candidatura a gobernador por el alperovichismo.
Osvaldo Jaldo es el que más callado trabaja para estar, y el que más depende de lo que defina el gobernador. El tranqueño es el ejecutor de los trabajos sucios que pergeña Alperovich para adoctrinar dirigentes e intendentes. Así se ganó la confianza del mandatario y las expectativas de estar dentro de la fórmula oficialista para el próximo año.
El principal capital que tiene el radical Cano es el hartazgo de la clase media. El diputado fue el que mejor jugó en 2013 y hoy disfruta de esa apuesta all in: los 300.000 votos sobre sus espaldas le dieron la membresía para presentarse en 2015 como el único opositor capaz de tumbar el continuismo justicialista.
Sin embargo, sus posibilidades dependen en buena medida de cómo llegue el oficialismo al juego final. Si el amayismo y el alperovichismo van juntos, sus chances disminuirán. Por eso en su entorno sintieron escozor al ver las escenitas del reencuentro oficialista.
En el caso del oficialismo, difícil será que alguno de los tres nombres ya lanzados blanquee sus aspiraciones en lo inmediato. Sin embargo, cada uno activó en su teléfono celular una alarma que les recuerda cada día cuánto falta para 2015. Razonan, hablan y actúan con la mirada puesta en el próximo año, no en este.
De aquí en más, Amaya, Manzur, Jaldo y el opositor Cano no podrán dormir una siesta sin sentir, al despertar, que algo pudo haber pasado en ese tiempo.






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