-Ahora acaba de asumir un nuevo mandato al frente del Centro de Jubilados. ¿Cuánto es el período en la presidencia del Centro?
-Eso está demostrado, parece, una gran conformidad de la masa societaria con su gestión.
-Yo no debería decirlo. Pero objetivamente, y salvando algunos socios que pueden estar disconformes (y están en su derecho), en su gran mayoría están conformes. Son ellos, en realidad, los que me exigieron que continúe un nuevo período más.
-En estos últimos tiempos usted se ha convertido casi en sinónimo del Centro de Jubilados. ¿Le dedica mucho tiempo a esta actividad?
-Me dedico a esto las 24 horas del día. Full time. Es la única manera que logré que se escuchen los reclamos de los jubilados.
-¿Y cómo logró que la escucharan?
-Al principio organizaba marchas de protesta. Pero no venía nadie, o muy pocos. Entonces, apelando a mis conocimientos del Derecho, encaré por el lado de los juicios. No es un camino que me guste, en realidad, pero a veces no queda otro remedio. Las costas para el IPS, que al fin de cuentas es nuestro organismo, oscilan de 12 a 13 mil pesos por juicio. ¡Y hay más de 7.000 juicios! Ya el 70 por ciento de esos juicios está concluido, con cifras millonarias. Lo ideal sería que los juicios terminen y que todos esos recursos se vuelquen al IPS.
-¿Cómo fueron las relaciones con los gobiernos?
-Pasaron por períodos con muy fuertes enfrentamientos. Pero fíjese que así como pasó con Lamartine, también seis meses antes de irse (el ex gobernador) Arturo Colombi entendió nuestros planteos. Y ahora Ricardo Colombi también lo entendió, tal vez mucho antes que Arturo. Eso explica las buenas relaciones que hoy tenemos con el Gobierno actual, y que algunos malinterpretan. Todos ya me conocen, y saben que no me callo ante nadie cuando algo está mal, pero también con la misma expresividad digo cuando está bien.

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