Sigue la fiesta. Es así nomás: nada parece alcanzar para contener la fiesta lanzada por el intendente Gustavo Arnaldo Pulti desde que llegó a la Intendencia.
Ruidos nada sordos. Se viene escándalo de intensidad elevada por la decisión de GAP/Perogrullo/Cospelito de vetar una ordenanza de manera parcial que involucra a tres edificios emblemáticos de Mar del Plata: el ex hotel Royal, Chateau Frontenac y el Hurlingham. En su momento, nadie entendía bien la razón de tal actitud. La ordenanza había sido votada por unanimidad, por lo que su promulgación parecía un simple trámite. Y de hecho lo fue en relación al Royal y al Chateau Frontenac. El veto parcial en una ordenanza que trabajaron fuertemente Marcelo Artime y Diego Monti tiene que ver con una historia que llegó a oídos del intendente, de que habría habido un importante toco de verdes, sin participarle de tal cuestión. Según la fuente, GAP estaría por estas horas gozando como chancho ante la presión que reciben estos dos (Artime/Monti) del hijo y heredero de Juan José Muñoz, ex presidente del Club Gimnasia y Esgrima de La Plata, adquirente de la tercera propiedad, es decir, el Hurlingham.
De aportes y ausencias. Esta semana pasada estuvo en Mar del Plata la viceministra de Trabajo Noemí Rial, quien confirmó el pobre aporte del Estado a fileteadores de planteles en blanco de empresas locales. Mil pesos, que hoy no alcanzan casi ni para pagar la leche del mes, al precio nada cuidado que están los lácteos. Presentada como un logro por los medios de corte y pegue de gacetillas, la noticia intenta ocultar otra verdad: la de los fileteadores en negro. Nos dicen esos trabajadores marginados a la vista de todos y todas: “Otra vez la patada al trabajador en negro, y lo peor, a sabiendas. Están dejando a muchos trabajadores de tierra en la calle (fileteros, peones, envasadoras, despinadoras) por la falta de pescado. A los grandes les importa un pito esto: tienen los factoría, que les sigue rindiendo y mucho, porque de dos viajes por año, están haciendo seis… Entonces, ¿qué les importa mantener a sus fábricas en tierra en garantía horaria? Son unos hipócritas. Encima, el subsidio de mil pesos por mes, ¿a quién les llega?: a los trabajadores en blanco, los que tienen un garantizado, una obra social, un seguro (ART), y nosotros, los trabajadores que estamos hace más de 20 años fuera del sistema, nada… ¿Tenés que ser chorro, drogadicto, tener veinte pibes para tener algo?”, se preguntan estos trabajadores marginados en el sector. Demasiada injusticia como para hablar de década ganada sin que parezca una tomadura de pelo.







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