En sus primeros pasos en la política, Mauricio Macri derrapó feo un par de veces, y de aquellos tropiezos salió siguiendo los consejos de Jaime Durán Barba, y así fue alejándose de su costado oscuro hasta que llegar a Jefe de Gobierno, casi sin haber dejado nunca de ser presidente de Boca Juniors. Con las presidenciales en el horizonte, ese libreto empieza a mostrar sus límites.
Sus aciertos recientes en el armado nacional del PRO (´firmados´ por Emilio Monzó), como el apoyo recibido de parte de Carlos Reutemann y su alianza la UCR, taparon en parte dos resbalones notables: su tensa relación con la rebelde Gabriela Michetti, y su promesa de levantar el cepo cambiario, un error inexplicable que el oficialismo convertirá en hit durante la campaña.
Está claro que el clima de estudiantina y buena onda aconsejados por el gurú ecuatoriano sirvieron a Macri y al PRO para crecer casi sin límites en el ámbito de la CABA. Pero en la antesala de la lucha por la presidencia de la nación, con decisiones pesadas por adoptar, exhibe sus límites. Pero quemar sus páginas, tampoco parece una buena elección.
El jefe de gobierno porteño ha dejado en claro su carácter y voluntad de líder. En pujas intensas con dirigentes más experimentados y pertenecientes a fuerzas políticas tradicionales, ha sabido imponer su criterio. No es poco y en política, lo primero, es querer ser. Después se verá.
Pero tal vez envalentonado por sus (primeros) logros coyunturales, el árbol le tapó el bosque. Ahora, gane o pierda ante Horacio Rodríguez Larreta en las PASO, Michetti, para muchos el costado sensible de Macri, ya no dejará de serle una incomodidad.
Y peor, sus dichos sobre el cepo cambiario fueron un verdadero sincericidio de devaluación y baja salarial que lo alejarán, tal vez definitivamente, de sectores moderados que, ante la inminencia del poder, volverán a avizorarlo como un empresario frío e insensible.
Los consejos de Durán Barba más la gran prensa que le cubre las espaldas, le permitieron a Macri en el pasado regresar de sus desafortunados dichos sobre los homosexuales y la inmigración desde países limítrofes, fronterizos con la xenofobia y el racismo.
Carlos Heller, un adversario todo terreno de Macri, solía decir que en Boca “al único Patrón que bancaba era a (Jorge) Bermúdez”. Sin la estampa del colombiano, el jefe de gobierno porteño quiere defender su campo con la misma decisión.







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