María Elena Galdames era una de las tantas personas que se congregaron en la estancia “San Celestino, ubicada a unos 20 kilómetros de Curuzú Cuatiá, para participar del acto que el último sábado fue liderado por el Presidente Mauricio Macri.
En la parte final del acto, Juancito Güenaga y su conjunto comenzó a desplegar sus tradicionales acordes chamameceros. Al escucharlos, el primer mandatario nacional tomó de la mano al gobernador Ricardo Colombi y esbozó el movimiento característico del baile al son de un chamamé.
Pero cuando todas las miradas estaban puestas en la tarima donde estaban los funcionarios, se acercó María Elena e invitó al Presidente a bailar.
“En ese momento la verdad es que no dimensioné. Lo hice casi sin pensar porque donde estaba, varios decían que alguien lo saque a bailar. Y simplemente me animé y lo invité”, dijo la contadora curuzucuateña que ejerce como docente en el Colegio San Rafael. Aclaró, en diálogo con El Litoral, que en sus 43 años de vida no militó para ningún partido.
“Pero esta vez decidí participar del acto porque venía el Presidente de la Nación a visitarnos. Algo que es muy importante porque muchas veces los que vivimos en el interior del interior nos sentimos olvidados”, destacó Galdames, quien luego precisó “fui con mi esposo, Mariano Morales y nuestros hijos: dos nenas y un varón de 8 años, que además después se fotografió con Macri y Colombi”.
Sobre su breve contacto con el presidente, la docente contó que “le indiqué cómo tenía que hacer los pasos, le agradecí por venir a visitarnos y le dije que Dios lo bendiga. A lo que él respondió siempre con gracias y una sonrisa. Es una persona bien educada, que se expresa como tal y aunque el chamamé es un baile muy típico de nuestra zona, noté como se concentraba para tratar de hacerlo bien”.
Pero durante el baile María Elena, sin ocultar su emoción, señaló que no pudo evitar recordar a su padre, “Horacio Galdames, que trabajó en el campo y fue uno de los propietarios de la compañía Reggi”.
Cuando el chamamé terminó “le di un abrazo y un beso”, precisó María Elena, quien subrayó que sus plegarias ahora son para “tener mayor seguridad en nuestra comunidad y más fuentes de trabajo”.
Hoy, después del protagonismo que adquirió al tener como pareja de baile al Presidente, volverá a sus tareas cotidianas como docente. Aunque aclaró que “ya recibí muchos comentarios, la verdad ya me da un poco de vergüenza por la repercusión que tuvo todo. Ni bien terminé de bailar comenzaron a llegar mensajes por los grupos de whatsapp y hasta me llamaron”, comentó a El Litoral la docente curuzucuateña que ayer se preparaba para disfrutar del tradicional almuerzo de los domingo


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