Lo analizaba en una reunión con Dilma; la tensión se traslada al fútbol y al teatro
Por Alberto Armendáriz
RÍO DE JANEIRO.- Cada vez más enredado en la batalla jurídica en torno a su designación como jefe de gabinete de la presidenta Dilma Rousseff, el ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva evalúa desistir de su cargo como ministro, que ha exacerbado la polarización política en Brasil.
Anoche, la presidenta esperaba a su mentor en Brasilia para analizar juntos la situación; la alternativa que plantean sus asesores es que Lula quede apenas como articulador informal para intentar fortalecer al gobierno de cara al proceso de impeachment contra Dilma que la Cámara de Diputados ya puso en marcha en el Congreso. El riesgo sería que el ex presidente, investigado por presuntamente haberse beneficiado del esquema de sobornos y desvíos en Petrobras, quedaría desprotegido ante una eventual orden de detención que emita el juez federal que atiende en la causa del petrolão, Sergio Moro.
El último esfuerzo legal de Lula por asegurar su designación como jefe de gabinete recibió ayer un nuevo revés. El juez del Supremo Tribunal Federal (STF) Luiz Fachin se excusó de resolver el pedido de hábeas corpus presentado por la defensa del ex presidente para anular la decisión de otro magistrado de la Corte, Gilmar Mendes, que la semana pasada había suspendido la asunción de Lula como ministro al aducir que se trababa de un "salvoconducto" para garantizarle inmunidad ante la justicia de primera instancia. Fachin señaló que era amigo de uno de los juristas que presentaron el pedido de anulación y ahora la resolución quedará en manos de otra jueza.
El jueves pasado, pocas horas después de que Dilma designó a Lula como jefe de gabinete, varios jueces presentaron medidas cautelares para evitar que entre en funciones, hasta que el asunto llegó al STF. El ex presidente debía comenzar a desempeñar su nuevo cargo hoy, pero debido a los feriados de Semana Santa el STF no sesionará estos días, y no se espera que el marasmo legal se resuelva hasta la próxima semana.
En el Palacio del Planalto, sin embargo, las secretarias y los mozos de la sede del gobierno se disputaban el privilegio de servir al ex presidente en su nuevo rol. El magnetismo que ejerce Lula sobre los empleados del Planalto es mucho más fuerte que el de Dilma, su jaqueada ahijada política.
Las fuertes turbulencias políticas generadas por el hasta ahora frustrado ingreso de Lula en el gabinete y el proceso de impeachmentcontra Dilma ya empezaron a sentirse en otros ámbitos muy distintos, como el fútbol y el teatro. El domingo, durante el clásico partido Flamengo-Fluminense, cuando se entonaba el himno nacional en el estadio paulista de Pacaembú, las hinchadas empezaron a gritar "¡Fuera PT!". Y en Curitiba, donde reside el juez Moro, los rivales del Atlético PR y Coritiba se pusieron de acuerdo para exhibir un gran cartel en el que se leía: "En el país del fútbol, mi ídolo usa traje: Sergio Moro".
En tanto, en Belo Horizonte, la noche del sábado, durante una improvisación en la obra "Todos los musicales de Chico Buarque en 90 minutos", el actor y codirector de la pieza, Claudio Botelho, tildó a Dilma y Lula de "ladrones", lo que despertó una enérgica respuesta de parte del público. De pie, un gran número de espectadores reaccionó a los gritos de "¡No habrá golpe" y el show tuvo que ser cancelado. Al enterarse de lo ocurrido, Buarque, un reconocido simpatizante petista, adelantó que no permitirá que Botelho vuelva a usar sus composiciones.


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