Lejos de una reconciliación, cerca de las dudas

Lejos de una reconciliación, cerca de las dudas
Los tiempos de Daniel Scioli suelen constituir un gran misterio. A tal punto que muy pocas veces se ha conocido alguna estrategia suya de cara al futuro.

Por Martín López Lastra

La primer hipótesis es que nunca necesitó pensarlo, teniendo un referente que dispone por el sector kirchnerista en su totalidad.

La otra, más a favor del gobernador, da cuenta de aquella máxima sólo reservada para políticos de raza respecto de no adelantar a nadie los propios pasos para no activar mecanismos de resistencia de ocasionales adversarios. Hasta aquellos que pueden estar dentro del propio espacio que comparte.

El cuadro actual reitera que el futuro pensado por Scioli es ser reelecto por un período más en la Provincia, pero -salvo estar rodeado de algunas personas de confianza en su entorno-, no mostró mucha preocupación por sus tiempos mediatos. O no supo. Alentó, sin éxito, alguna estructura que no pasó de algún ocasional referente provincial o un conjunto de funcionarios que, en tiempos libres, ensayan, sin mucha influencia, algún soporte discursivo.

El futuro de Scioli es incierto y esa sensación es alimentada desde el matrimonio que hoy está en la Casa Rosada. Lejos de producirse alguna reconciliación, Néstor Kirchner redobla la apuesta y ya lo ubica en la categoría, al menos, de "adversario", que, en el esquema confrontativo intenso, marcan teorías como las de Chantal Mouffe.

La última gran muestra de ello fue cuando la presidenta Cristina Fernández valoró sólo la presencia del diputado nacional Martín Sabbatella en un acto realizado en Morón. La cuestión hubiera pasado desapercibida, salvo por el detalle del tenso silencio oficial respecto de Scioli.

Con una vocación que induce a pensar hasta en términos filosóficos o religiosos, el mandatario provincial pone la otra mejilla. La victimización siempre le ha rendido importantes dividendos.

Acaso esa nueva estrategia le permitiría crecer en las encuestas. Incluso el electorado independiente, para destilar cuotas de veneno antioficialista, ya lo está viendo como una suerte de vector de la oposición dentro del oficialismo.

Tal vez la figura de Scioli ya resalte aún sobre otros considerados opositores pero que no encuentran aún el rumbo de la recuperación, como Francisco De Narváez, quien también observa pérdidas y filtraciones que dañan alguna base independiente que hace apuestas tempranas para versiones radicales y de centroizquierda.

En pasillos oficiales y legislativos aluden a finales de septiembre y principios de octubre como eventual señal de una diferenciación que va a marcar definitivamente al sciolismo como un matiz. En la zona de los grises. Indican que, como ocurre tras algunos desencantos, ya nada será igual.

Algunos trascendidos apuntaban al jefe de Gabinete, Alberto Pérez, como "manager" de ese nuevo estilo. Pero difícilmente sea muy creíble en sus nuevos modos quien fue arquitecto del realineamiento más ortodoxo con el kirchnerismo.

En ese contexto, Scioli apuesta a caras nuevas o a nuevos roles para viejos incondicionales. Se reinstala la figura del vocero oficial que puede alentar la producción de mensajes cifrados de cierta independencia. El director del Bapro, Gustavo Marangoni, tiene depositadas muchas esperanzas en que se desarrolle esa nueva instancia de diferenciación, al menos en la interpretación factual del presente político.

Al volver sobre la victimización del jefe de Estado provincial, también surgen otros interrogantes: ¿qué hacer si la sangre llega al río?. Esto es, si el kirchnerismo avanza y presiona para darle otras opciones de salida.

El silencio es salud en muchas ocasiones, pero en algún momento la presión irá hacia el propio Scioli de parte de un electorado que espere definiciones fuertes. Para cuando eso llegue debiera contar con algún respaldo que, como se señaló, no se vislumbra en una Legislatura con un oficialismo en minoría, donde pesan más los lazos con la Rosada y con los caciques del Conurbano.

La otra opción es, al revés de Ulises, hacer caso a los cánticos de sirena de otros espacios peronistas sobre los cuales también se evalúa qué porcentaje de sinceridad tienen.

Los grados de respaldo en las encuestas del kirchnerista independiente Martín Sabbattella hacen vislumbrar su posible incursión como candidato provincial por una lista "colectora" que nutra el apoyo al candidato presidencial oficialista. Lo de Sergio Massa es una cuestión aparte, porque éste resiste por el momento esa posibilidad o la va a condicionar al extremo.

De esto se desprende que el kirchnerismo deja librado a su suerte a Daniel Scioli y que lo importante y prioritario es ese 40 por ciento que permita ganar en primera vuelta. La suerte en la Provincia es una suerte de sublemas peronistas o transversales que jugarán a fondo su apuesta.

Por una cuestión de recursos, poder y posicionamiento en los sondeos, Scioli contaría con una gran ventaja. Pero el gran obstáculo es de otro tipo. Es el creado por la identificación con el proyecto nacional y el rol de estar a disposición para aquello que le demanden. Ante una situación de crecimiento de sus ocasionales rivales internos, el actual mandatario podría sufrir en carne propia la oferta que jamás quisiera escuchar: la de volver a la vicepresidencia. Y, en ese caso, si se quiere mantener cuatro años más en su sitial, Scioli deberá armar su estrategia para manifestar su negativa. Estrategia para un respaldo que obtiene por el momento en las encuestas, pero no en las estructuras.

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