"Latinoamérica es una inspiración para la izquierda europea"

El ex asesor de campaña de Jean-Luc Mélenchon analiza la delicada situación que vive el progresismo galo y elogia los movimientos de la región. Además, critica con dureza a los socialismos europeos y advierte sobre el uso que hace la extrema derecha de la crisis migratoria.

Por Manuel Alfieri

El historiador e investigador francés Christophe Ventura participó de la conferencia "Repensar la izquierda", que se realizó la semana pasada en el marco del encuentro "El pueblo y la política: homenaje a Ernesto Laclau", organizado por el Ministerio de Cultura de la Nación y desarrollado en el Centro Cultural Néstor Kirchner. Especialista en temas de integración latinoamericana, Ventura hizo una detallada radiografía sobre la visión que tienen los europeos sobre los procesos políticos que nacieron en la región desde la llegada de Hugo Chávez al poder, allá por 1998. Además, como miembro del Partido de Izquierda francés y ex asesor de campaña de su líder, Jean-Luc Mélenchon, analizó la delicada situación que vive el progresismo en el país galo.

–¿Cómo ve Europa los procesos políticos latinoamericanos?

–Desde la izquierda, el ciclo progresista o post neoliberal es una cierta inspiración para comprender cuáles fueron las condiciones que se dieron para favorecer un cambio político, en el que el Estado aparece como redistribuidor de la riqueza para incluir a los sectores más débiles de la sociedad. Por parte de la derecha, también hay un interés pero negativo: Latinoamérica es la región del populismo, del regreso de las tentaciones autoritarias.

–¿Todavía persiste esa visión del populismo como dictadura?

–Sí, para la extrema derecha es así. La derecha más moderada, en cambio, no habla de dictadura, pero sí de autoritarismo, de asfixia de la democracia, de demagogia.

–¿Y los medios?

–Sobre Argentina, hablan de una crisis profunda de la economía, del fracaso de su política proteccionista, de la inflación, de la captura del poder por parte de la familia Kirchner. Pero Argentina no es lo peor. Lo peor es Venezuela.

–¿Y Bolivia?

–No, a Evo Morales lo ven más lindo. Dicen que ahora respeta los derechos de los inversionistas, que tiene una política razonable, de inserción en el comercio mundial. Pero Argentina tiene un papel especial, porque en el imaginario del establishment el país forma parte del mundo "civilizado".

–¿Por qué?

–Porque hay un patrimonio cultural común producto de la migración. Incluso Cristina da más con el estándar del dirigente europeo que Maduro, Chávez o Evo Morales. Te hablo de lo que pensaría un periodista básico, etnocentrista.

–Hace poco dijo que los gobiernos de la región están en crisis, ¿por qué?

–Yo diría un pasaje crítico, más que una crisis. Porque están enfrentando la crisis global, que impacta muy fuertemente a América Latina. El ciclo de bonanza se cerró y tenemos países prisioneros de su perfil exportador de materias primas. Por otro lado, gracias a estos gobiernos surgió una clase media consumidora que no tiene una conciencia política sobre su inserción en el sistema. La primera señal de alerta apareció en Brasil: las mismas personas beneficiadas por las políticas del lulismo salieron a las calles para protestar contra el gobierno. Y la derecha aprovecha eso, pero creo que en la región hubo cambios irreversibles y los pueblos no quieren regresar al neoliberalismo.

–Respecto de Europa, ¿cómo impactó en la izquierda lo que pasó en Grecia con Syriza?

–Fue un golpe muy duro para la izquierda europea, sobre todo para los compañeros de Podemos. Tsipras pensó que podía quedarse en el euro y salir de la austeridad, creando un frente solidario con los gobiernos socialdemócratas de la región. Pero fue un error. La aristocracia socialdemócrata, sobre todo la francesa, fue aún más dura con Tsipras que los conservadores.

–¿Qué es lo que pasó para que el socialismo francés se convierta en eso?

–El Partido Socialista francés es socialista sólo de nombre. Es una lenta degradación hacia el neoliberalismo que arrancó en los años '80. A partir de eso, los socialistas renunciaron a todo. Hoy en día, el proyecto es destruir el Estado de bienestar. Y para eso tenemos dos partidos neoliberales: el socialista y los republicanos. Difieren sólo en temas de sociedad: los socialistas son más progresistas en cuestiones culturales.

–Despenalización de las drogas o matrimonia igualitario, por ejemplo.

–Claro. Es lo que nosotros llamamos la izquierda de los valores. Son más abiertos, pero neoliberales.

–¿Cómo impactó la crisis migratoria en Francia?

–Bueno, no impactó tanto como en Grecia, Italia o Alemania. Pero es evidente que la ultraderecha está utilizando esta crisis para dividir al pueblo. El discurso permanente es: "Ustedes, pobres franceses, están en esa situación por culpa de los inmigrantes."

–Entre las opciones de ultraderecha aparece el Frente Nacional de Marine Le Pen. ¿Por qué crece cada vez más a nivel electoral?

–Hay una combinación de factores. La crisis económica es fundamental. Por otro lado, el gobierno socialdemócrata es un facilitador de votos de la extrema derecha porque fue elegido para hacer políticas de redistribución y finalmente aplicó políticas de derecha. Traición, traición y traición. Entonces eso produce un descontento popular, una deslegitimación de la política como herramienta de transformación. La gente deja de participar, se aleja del espacio público y crece la abstención. Y, claro, la extrema derecha aprovecha esa situación para captar los votos antisistema, como hace el partido de Le Pen. 

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