El miércoles irá al Chaco y el jueves hablará ante una multitud en Ferro.
Igual que durante la crisis agraria de 2008, Kirchner enfrentará ahora la embestida más seria de la oposición en los siete años de era K dando fuertísimos discursos rodeado de sus aliados de mayor poder territorial.
En el Chaco, retomará la conducción del peronismo junto al resto de la cúpula partidaria, integrada por el secretario general de la CGT, Hugo Moyano; el gobernador bonaerense Daniel Scioli; el entrerriano Sergio Urribarri; y el anfitrión Capitanich, entre otros mandatarios, intendentes y legisladores que hace ocho meses habían elogiado la decisión del santacruceño de renunciar para siempre a la presidencia del PJ. Eso ocurrió un día después de las elecciones legislativas, en las que Kirchner perdió en la provincia de Buenos Aires frente a Francisco De Narváez. En ese momento, explicó que dimitía debido a que quería moverse con "mayor libertad". Ahora rompe su promesa por temor al avance de sus rivales partidarios. Desde que se votó la reforma política, además, el presidente de cada partido tiene un enorme poder sobre las decisiones que corresponden a la realización de las internas abiertas.
Un día después de su discurso en el Chaco, Kirchner enfrentará a una multitud de militantes del Movimiento Evita, una organización social con una importante expansión territorial en el conurbano bonaerense. El santacruceño, ahora diputado por Buenos Aires, hablará junto a Emilio Pérsico, líder del Evita, quien mantiene una notable influencia en el Ministerio de Desarrollo Social, organismo donde ocupaba un cargo hasta que su hijo fue detenido en un hecho policial. El otro jefe del movimiento es el legislador bonaerense Fernando "El Chino" Navarro, de absoluta confianza del matrimonio presidencial. El acto lleva como consigna una frase del propio Kirchner: "Con la guía de Evita, las enseñanzas del General y la fuerza de los que ya no están".
Los pocos dirigentes que hablaron con Kirchner en estas horas aseguran que se lo nota bastante sereno, mientras que la Presidenta, en cambio, se muestra más enojada por la creciente embestida opositora en el Congreso.






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