Pocos entienden que un sector del hiperkirchnerismo haya dedicado los meses de enero y febrero a la organización de un acto tan objetivamente innecesario. Sólo la venganza y el castigo explican, para el peronismo no K, lo que ocurrirá hoy en el Club Atenas. Los criterios generales de la reaparición bonaerense de Néstor Kirchner fueron discutidos hace poco más de veinte días en la reunión que mantuvieron Carlos Kunkel, Emilio Pérsico y Carlos "Cuto" Moreno.
La maniobra de pinzas sobre Bruera no se limitó a los descarnados métodos empleados para asegurar la concurrencia al acto. Los ediles recibieron una imperiosa invitación a hacer abandono del bloque del jefe comunal. Miguel Forte, secretario general del Sindicato de Camioneros de La Plata, ya ha efectivizado su alejamiento. Lo convenció una llamada de Hugo Moyano por la cual le comunicó: "Tengo orden de que te vayas"; su par, Juan Lotumolo, ligado al dirigente de los porteros Víctor Santa María, todavía está en duda. La ofensiva K es implacable. Afirman que Alak habría ofrecido al PRO un acuerdo en el Concejo Deliberante para destituir a Bruera.
En el justicialismo platense juran que la militancia kirchnerista de la ciudad no alcanza para cubrir las cuatro mil personas que puede albergar el Atenas. "Van a traer gente de Berisso y Ensenada", prevén. Un importante armador de la Legislatura bonaerense niega que semejante esfuerzo haya sido pensado para dividir la pantalla de los televisores y sustraerle protagonismo a la sesión del Senado, donde la derrota oficial parece irreversible. "Kirchner –explica– lo único que busca es ejemplarizar y que no se siga deshilachando su poder. Es absurdo, sí. Es como preocuparse de que no se pase el puchero cuando se está quemando el rancho".








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