En medio de críticas opositoras, de un pronunciado vacío hecho por el MPN, con el paro general de la CGT como inconveniente contexto, pasó por Neuquén el ministro de Economía, Axel Kicillof, con el objetivo de fortalecer la imagen del kirchnerismo a todo o nada también en Neuquén.
Kicillof, a quien se lo sigue mencionando como un posible integrante de una fórmula presidencial K, no expuso dudas sino certezas completas. La convicción de pertenecer a un gobierno que ha derramado bienestar, y que en lo que a las provincias hace, solo necesita que los gobernadores “estén consustanciados” con el modelo, porque así es cuando “más provecho se le podrá sacar”.
Acompañado por los candidatos neuquinos, Ramón Rioseco y Alberto Ciampini, negó cualquier discriminación o desvinculación del gobierno que representa con Neuquén. Dijo que a nadie se le podría pasar por la cabeza con una provincia que, por su producción energética, “tiene que ver con lo que sucede en el país”, quizá más estrechamente que otras.
Explicó que su reunión con empresarios locales tenía como objetivo “comentarles cómo lo que sucede en el mundo y en Argentina tiene impacto y una relación, con lo que sucede en la provincia, con los yacimientos no convencionales”, algo que seguramente los empresarios ya habían deducido por sí mismos.
Fue acotada la repercusión, casi callada. Tal vez por el paro, que se sintió fuerte en Neuquén, lo cierto es que la presencia de Kicillof se sintió más por las críticas que despertó, incluso en el MPN, antes que por la resonancia de su propia presencia.



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