El mandatario, que adelantó el viaje a Londres, visitó la tierra de uno de sus antepasados
En Irlanda, Obama prometió impulsar la recuperación
Obama bebió cerveza en un típico pub irlandés. Foto AFP
DUBLIN.- Con la mirada puesta en los conflictos de Medio Oriente y del norte de Africa, el presidente norteamericano, Barack Obama, inició ayer una gira de seis días por Europa en Irlanda, donde transmitió un mensaje de esperanza y aseguró que el país superará sus actuales problemas de deuda soberana.
Miles de irlandeses concentrados frente al College Green y esparcidos por otras calles y plazas del centro de Dublín, en una impresionante demostración de simpatía hacia el presidente norteamericano, escucharon las palabras de Obama, quien previamente, en una reunión con el primer ministro Enda Kenny, había prometido que Estados Unidos "hará todo lo que pueda para ayudarles a emprender el camino de la recuperación" económica.
Aclamado por una multitud que vivió su visita como una gran fiesta nacional, Obama envió un mensaje de optimismo a los irlandeses. "Con sacrificio y responsabilidad", serán capaces de remontar las difíciles condiciones económicas actuales, igual que en el pasado fueron capaces de vencer desafíos aún mayores. Hacía tiempo que su célebre eslogan "Yes, we can!" no era coreado con tanto entusiasmo, esta vez en gaélico: " Feidir Linn! ".
"Nosotros, irlandeses y norteamericanos, nunca dejamos de imaginar un futuro mejor, incluso en tiempos muy difíciles", sentenció el presidente a un pueblo que, a lo largo de todo el día, celebró su visita como un gesto que, además de confirmar los lazos históricos y emocionales que unen a Irlanda y a Estados Unidos, puede ayudar a este país a emprender su recuperación.
Irlanda es uno de los países europeos donde tuvo mayor impacto la crisis económica y uno de los tres Estados que tuvieron que ser rescatados por la Unión Europea.
"Hoy soy más irlandés que nadie", declaró Obama a la multitud, en una adaptación de la frase que uno de sus predecesores de origen irlandés, John F. Kennedy, pronunció hace más de 50 años en Berlín, una ciudad que entonces no hacía frente a problemas económicos, sino a las penurias de la Guerra Fría.
El programa más distendido de la agenda de ayer fue la visita del mandatario, acompañado por su mujer, Michelle, al pueblo Moneygall, donde residía Falmourth Kearney, antepasado irlandés de Obama.
En esa localidad rural, la pareja bebió una cerveza Guinness, la "bebida nacional" irlandesa, y visitó los restos de la modesta casa donde su tatarabuelo Kearney, hijo de un zapatero, vivió antes de que la hambruna lo forzara a embarcarse en 1850, a los 19 años, hacia Estados Unidos.
Obama volverá a abordar el debate de la crisis económica hoy en Gran Bretaña, adonde arribó ayer por la noche luego de adelantar la partida de Irlanda unas horas a causa de la nube emanada por un volcán islandés que amenaza los cielos de Europa. En los últimos meses, el gobierno de coalición entre liberales demócratas y conservadores liderado por David Cameron instrumentó un fuerte ajuste sin precedente en los gastos del Estado británico.
Sin embargo, los problemas económicos de Irlanda y de otros países europeos pasarán a un segundo plano en la agenda de Obama, que a partir de hoy tratará con sus aliados transatlánticos los desafíos de la seguridad global.
Por eso, el jefe de la Casa Blanca se refirió a Irlanda como un ejemplo para alcanzar la paz en conflictos largos y difíciles, como el de Medio Oriente.
Obama elogió el esfuerzo de reconciliación hecho en Irlanda del Norte y mencionó la visita, la semana pasada, de la reina Isabel II a Irlanda, la primera de un monarca británico en 100 años, como una prueba del enorme camino recorrido desde que la violencia entre las comunidades católica y protestante ensangrentaba las calles de Belfast.
La gira de seis días de Obama continuará hoy en Londres, donde se espera la tradicional recepción prevista por la corona británica para las visitas de Estado, que incluye el alojamiento en el palacio de Buckingham. Pasado mañana, el presidente norteamericano se trasladará a la localidad francesa de Deauville (Noroeste) para participar en la cumbre del G-8, antes de finalizar su gira en Polonia.


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