La inflación, una fórmula para negar el ajuste mientras se lo hace

Por: Daniel Fernández Canedo

Claudio Lozano, Juan José Llach y Rodolfo Santángelo son tres economistas muy distintos que convergen en un punto.

El diputado Lozano milita en Proyecto Sur, junto a Pino Solanas. Llach fue viceministro de economía de Domingo Cavallo y ahora se dedica a la vida académica.Rodolfo Santángelo es consultor y, entre los tres, el de pensamiento económico más ortodoxo.

Sin embargo, en las últimas semanas, los tres le fueron sacando punta a una idea que refuta uno de los argumentos centrales del Gobierno para, curiosamente, defender la inflación.

El ministro Amado Boudou repite a menudo que quienes alertan sobre la inflación, en realidad, buscan que el Gobierno haga un ajuste, una posibilidad que no forma parte, por ahora, de las prioridades oficiales. Para el ministro de Economía, cualquier ajuste resultaría impopular, con lo cual pareciera que la inflación es progresista.

Es sobre ese punto donde llegan a conclusiones similares los tres economistas. En general, se acepta que la inflación es un impuesto que pagan todos, pero que afecta más a los que menos tienen y sólo por eso valdría la pena atacarla.

El Estado va sacando rédito de la situación y así lo demostró la recaudación impositiva de abril, que creció más de 30% de la mano de la reactivación y la inflación.

Es decir, que a corto plazo el Estado se beneficia y la suba de precios afecta a los más pobres.

En otras palabras, otro ajuste es el que está en marcha y va de la mano de la inflación, que está muy lejos de ser un impuesto progresista.

Como alivio, abril habría dejado un resultado inflacionario más moderado que marzo.

Los precios de algunos alimentos se aquietaron después de la violenta suba de la carne de los primeros tres meses del año y el costo de vida, según los cálculos privados, habría subido entre 1,5% y 1,7%.

Es menos que el 2,5% de marzo, pero todavía proyecta una inflación anual elevada.

Los gastos con tarjeta de crédito son un buen indicador sobre el consumo y la evolución de los precios para la clase media.

En abril, de acuerdo a los datos de una de las principales tarjetas, el consumo dio un salto. Y la inflación proyectada se ubicó entre 18 y 20%.

La foto 2010 de la economía argentina parece consolidarse en crecimiento con alta inflación, un resultado que podría mejorarse y que no se presenta neutro.

El gremio de la alimentación pelea por aumentos salariales superiores al 30%, en lo que sería un caso de convalidación inflacionaria en tiempo real.

La disputa cobra vigor porque se da en un sector con buen nivel de actividad y con empresas líderes que trabajan en blanco.

Distinta es la suerte para los que trabajan en negro, que representan un 36% del total.

Mientras tanto, el mundo financiero espera una resolución para la crisis de Grecia y la Argentina no está al margen.

La caída de los bonos de entre 5% y 11% en lo que va del mes --cuando el Gobierno abrió el canje de deuda-- suma incertidumbre.

Sin embargo, los operadores apuestan a que el canje tendrá un nivel de aceptación alto que permitirá salir del default.

Con la caída de los mercados, los bonistas recibirían 47 dólares por cada lámina de 100. Eso es menos que los 51 dólares que hubiesen obtenido una semana atrás.

Pero es mucho más que un bono en cesación de pagos en un mundo financiero inestable.

Una posibilidad es que el canje resulte exitoso en términos de volumen, pero que la Argentina no consiga bajar significativamente la tasa para conseguir dinero.

Algunos analistas creen que, después de esa operación, la tasa sería de 10% anual, más del doble de la que puede obtener Brasil.

La Argentina crece, posee dólares --fruto de que exportó más de lo que importó-- y va pagando la deuda.

Saldría del default, pero todavía no tiene asegurada una baja sensible en el costo del crédito. El precio de la desconfianza siempre se hace notar.

Comentá la nota