Por: Martín Rodríguez Yebra.Un día, a la mitad de su mandato, Néstor Kirchner se convenció de que no tenía sentido cuidar demasiado la relación con los Estados Unidos. George W. Bush, empantanado en Irak y con un desprestigio creciente, perdía poder a zancadas. El futuro era de los demócratas, decían en la Casa Rosada.
En esos días de tensión, la lógica kirchnerista era clara: "Todo va a cambiar con los demócratas", machacaban en la cima del poder.
Los demócratas llegaron hace más de un año. Cristina Kirchner los recibió entonces con mimos en sus discursos. Habló de la "bocanada de aire fresco" que significaba la victoria de Barack Obama. Auguró una "nueva era" en la relación de los Estados Unidos con América latina. Llegó a decir, como elogio, que Obama se parecía a Kirchner. Y ordenó, casi de inmediato, que le consiguieran una reunión bilateral con la máxima estrella de la política mundial.
No pudo ser. La Presidenta empezó a desesperarse con Obama. La reunión soñada se le resistía, mientras por el Salón Oval de la Casa Blanca se paseaban el brasileño Lula, la chilena Bachelet, el mexicano Vicente Calderón y media docena de líderes latinoamericanos. Cristina Kirchner sólo saludó al presidente demócrata en los besamanos de las cumbres internacionales.
Con el paso de los meses -meses que también marcaron el deterioro de la obamamanía -, los Kirchner empezaron a mostrar su desencanto. Y Obama empezó a parecerse a Bush. La tibia reacción de los Estados Unidos ante el golpe en Honduras y, sobre todo, la pelea con el subsecretario Arturo Valenzuela, por sus comentarios sobre la falta de seguridad jurídica en la Argentina, volvió a poner la relación en el terreno distante de años pasados. Las críticas directas que le dedicó la Presidenta a Obama esta semana lo mostraron a las claras.
Pero el kirchnerismo que coincidió con Obama no es el de 2005: la versión 2009/2010 refleja un gobierno debilitado ante la opinión pública y con poder decreciente en el Congreso tras su derrota electoral de junio.
Valenzuela -un funcionario de tercera línea- cumplió ayer la orden de responder las quejas de Cristina Kirchner y aclaró que Hillary Clinton no sólo evitará Buenos Aires en su gira latinoamericana, sino que la reunión que tendrá con la Presidenta en Montevideo "será breve".
Tal vez esté aplicando, con sutileza, la misma lógica que la Argentina aplicó con Bush cuando su ocaso empezó a parecer irremediable.





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