Por Alcadio OñaNadie duda que, gracias a la súper soja, este año la Argentina volverá a contar con un superávit comercial robusto, aunque menor a los 12.057 millones de dólares de 2010 y muy lejos de los 16.888 millones de 2009. Pero eso que parece garantizar un buen ingreso de divisas, no tranquiliza del todo a Guillermo Moreno , siempre alerta ante cualquier fogonazo.
Como otras veces, el secretario de Comercio ha puesto el foco en las importaciones, que amenazan comprimir el saldo final: crecieron 46 % en 2010, con meses del 60 % y hasta el 70 %. Entre ellas, limitado por el riesgo de crear una crisis, quedaron en la mira las que vienen de Brasil.
El año pasado, las compras al socio del Mercosur subieron 49 % y representaron la tercera parte del total. Así se llegó a un déficit de US$ 4.096 millones en el intercambio bilateral, según datos de la Secretaría de Comercio Exterior brasileña.
Claro que el desequilibrio es siempre mayor en el comercio de manufacturas industriales, probando la fuerte dependencia de bienes de ese origen y el muy desigual desarrollo sectorial. Un estudio privado revela que, entre 2003 y 2008, el rojo pasó de 1.643 millones a 8.100 millones .
Moreno pretende que los empresarios argentinos usen pesos en las operaciones con Brasil, lo cual sería factible, aunque optativo, por un acuerdo que también permite a los brasileños pagar con reales. Evidente: busca achicar la demanda de dólares en el mercado local .
Aun así, es una apuesta demasiado optimista. En el mejor de los casos podrían entrar algunas pymes, a condición de que al otro lado de la frontera acepten. Las empresas medianas de mayor tamaño y las grandes seguirán transando con dólares.
Eso explica que se trate de un sistema muy poco utilizado. En su viaje a Brasilia, Amado Boudou intentará convencer a su par, Guido Mantega, de aceitar el mecanismo y además de que contribuya a achicar el desbalance bilateral: nuevamente, mucho optimismo.
Detrás del objetivo de preservar divisas juegan varios factores interrelacionados. Uno, evidente, es que el Gobierno proyecta sacar US$ 7.504 millones de las reservas del Banco Central para pagar obligaciones con acreedores privados. Figuraba en un artículo del fallido proyecto de ley de Presupuesto, pero queda el conocido recurso del decreto de necesidad y urgencia.
En el mismo proyecto había contempladas operaciones de crédito por US$ 7.600 millones , para obras que el Ministerio de Planificación considera “imprescindibles”; entre ellas, dos polémicas represas en Santa Cruz ya adjudicadas y la también polémica compra directa de trenes y material ferroviario a China. Final abierto para el caso.
Así todavía no pase de una posibilidad, sería parte del combo el acuerdo por la deuda con el Club de París. En este supuesto, la Argentina debería hacer un desembolso cash considerable.
Los dólares son también imprescindibles para bancar las importaciones de gas natural y licuado, gasoil y fuel y hasta de electricidad, necesarias para sostener un sistema energético que sólo en las palabras de Julio De Vido luce bien parado.
Según el INDEC, en 2010 las compras al exterior de semejante paquete sumaron US$ 4.443 millones y treparon un 69 % respecto del año anterior. Es una factura que crece aceleradamente ante la notoria escasez de gas local, pero a la vez incompleta. No incluye la importación de electricidad desde Brasil: 343 millones en 2010 y 1.066 millones en 2009.
Y como la Argentina consume cada vez más y produce cada vez menos, la cuenta energética pegará otro salto este año . Aquí, no hay Moreno que valga.
Por el resto, el Gobierno pone todas las trabas a su alcance, algunas contempladas en normas de la Organización Mundial del Comercio, como las denominadas licencias no automáticas. El punto es que según la regla las autorizaciones no deberían demorar más de 60 días en salir, mientras aquí tardan 90 y hasta 120 días.
Otra es el uno a uno de Moreno: dar vía libre a las compras contra el compromiso de exportar por igual monto de divisas. Imposible para muchas empresas.
El problema es que de afuera llegan bienes e insumos que en el país no se producen o son producidos en magnitudes insuficientes. Y así, como en un proceso cristalizado, cuanto más crece el PBI más importaciones son necesarias: aumentaron nada menos que 308 % desde 2003 . Nuevamente la dependencia del exterior, pues sin ese componente la actividad económica se resentiría.
Dada la velocidad que han tomado las importaciones, algunos consultores pronostican, para este año, un superávit comercial de US$ 9.500 millones. Tampoco da como para encender luces rojas, aunque el peligro asoma en la tendencia y en el hecho de que las exportaciones no marchan al mismo paso.
Es probable, si no seguro, que en la estrategia de cuidar divisas a como sea pese la intención de ponerse a cubierto de contingencias habituales en procesos electorales. Una es la demanda de dólares ; otra, su hermana, la fuga de capitales .
Moreno puede estar muy confiado en una victoria del kirchnerismo, pero surge claro en sus movimientos que prefiere curarse en salud .



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