Gran Bretaña, ante las elecciones más reñidas en décadas

El temor a una parálisis tras los comicios tiene en vilo al país; preocupación por la economía
LONDRES.-"Tierra incógnita", "aguas desconocidas", "los comicios de todos los peligros". Estas son las frases que salen a cada minuto de los labios de todos los comentaristas en relación con las elecciones generales que todo parece indicar que tendrán lugar el próximo 6 de mayo en Gran Bretaña.

Hay varias razones por las cuales las frases no deben descartarse como exageraciones. La más crucial es que, de acuerdo con la mayoría de las encuestas, ningún partido va camino a ganar la mayoría absoluta. La estimación más reciente de la consultora YouGov otorga a los conservadores un 39% de apoyo popular, frente a un 37% del oficialismo laborista y un 17% de los liberaldemócratas. Los dos puntos de ventaja de los tories , sin embargo, no sólo entran dentro de los márgenes de error, sino que, a raíz del sistema electoral imperante, también se traducirían en una mayoría de asientos parlamentarios.

De cumplirse esta predicción, el resultado sería lo que aquí se llama un hung Parliament , una suerte de empate que los británicos no han visto desde 1974. Y esto no es pura especulación: tanto el gobierno como Buckingham Palace confirmaron estar preparándose para tal eventualidad. Esto ocurriría, además, justo cuando Gran Bretaña empieza a salir de la peor recesión en más de 60 años.

Muchos temen que la combinación de estos dos factores resulte fatal para la recuperación económica británica, ya que las semanas que demandarían las negociaciones para la formación de un gobierno relativamente estable generarían enormes niveles de incertidumbre. Especialmente en la City londinense, donde están acostumbrados a que el ocupante de Downing Street entregue las llaves a su sucesor al día siguiente del anuncio de los resultados. Esto explica por qué la libra ha perdido un 7% de su valor con respecto al dólar en lo que va del año y la tendencia siga siendo hacia la baja.

Bajo el espectro de un hung Parliament, todos los escenarios que se pintan parecen lúgubres. Durante las negociaciones para formar gobierno, el primer ministro Gordon Brown permanecería en su puesto, pero sin poder implementar ninguna política que comprometa a un gobierno futuro. Es decir que gobernaría sobre una suerte de "limbo" político.

El líder de los liberaldemócratas, Nick Clegg, dice no tener la más mínima intención de entrar en negociaciones en busca de una coalición, pero se cree que tras las elecciones cambiará de idea. Aunque ideológicamente más cercanos al laborismo, los liberaldemócratas verían difícil negarse a trabajar con los tories si éstos obtuvieran una ventaja porcentual en las urnas.

Pero de insistir en la negativa, los tories podrían ir en busca del apoyo de los protestantes Demócratas Unionistas del Ulster, lo que podría desestabilizar el proceso de paz en Irlanda del Norte. Los laboristas, en tanto, podrían apelar a los nacionalistas escoceses, quienes demandarían la convocatoria inmediata a un referéndum para declarar la independencia de Escocia.

Si las negociaciones colapsaran, la reina tendría que convocar a nuevos comicios, pero nada garantiza que éstos vayan a producir tampoco una clara victoria.

Escepticismo

La situación imperante refleja el fracaso de los conservadores en ganarse la confianza de un electorado cansado del oficialismo, pero igualmente escéptico frente a sus propuestas. Especialmente en lo que atañe a lo económico, donde sus anuncios de recortes presupuestarios y medidas de austeridad no han hecho otra cosa que despertar el fantasma del desempleo y las tensiones sociales de la gestión de Margaret Thatcher.

De origen aristocrático y originalmente escogido para enfrentar al fotogénico Tony Blair, su líder, David Cameron, parece haber dejado de ser el gran as en la manga de los tories, para convertirse en un lastre en un país que le ha perdido el gusto a la cultura de la imagen y ahora lo mira como a un "chico rico". Poco ha ayudado que el principal donante y vicepresidente honorario del partido, lord Michael Ashcroft, haya tenido que admitir que tiene residencia fiscal en el paraíso fiscal de Belice, a pesar de haberse comprometido a cambiar su estatus como condición para ingresar en la Cámara de los Lores hace diez años.

En busca de un resultado electoral decisivo, los líderes de los tres principales partidos han decidido importar una estrategia electoral de Estados Unidos: Brown, Cameron y Clegg participarán en tres debates televisivos, lo que agregará una dosis de personalismo al parlamentarismo británico.

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