Con el inesperado giro que viene tomando Ricardo Alfonsín en relación al marco de alianzas con que piensa encabezar su aventura presidencial —se acerca al Peronismo Federal y al PRO—, la UCR, una vez más, quedó atravesada por un fuerte debate. Sandra Rioboo, abogada de Lanús, y al igual que Ricardito, es parte del bloque radical de 43 miembros de la Cámara de Diputados de la Nación, expresa con nitidez, y lucidez, la posición contraria a este nuevo marco de alianzas que insinúa su candidato a presidente.
—Alfonsín encaró una etapa de acercamiento con Francisco De Narváez, con el acompañamiento de otros referentes como Julio Cobos y Ernesto Sanz. ¿La UCR se encamina a un frente desde el centro hacia la derecha?
—Sería un paso negativo para el radicalismo, y en lo personal, espero que esto que estamos viendo en estos días no sea definitivo. Los socios políticos nuestros, originarios y naturales, son el GEN de Margarita Stolbizer y el Partido Socialista. Si el 14 de agosto tengo que llevar a los radicales de mi barrio a votar por De Narváez, prefiero quedarme en mi casa.
—Sin embargo, los movimientos de los dirigentes de su partido, incluido Alfonsín, ya parecen más que un amague. El acuerdo con De Narváez viene en serio.
—Mi visión y la de muchos compañeros del partido es sostener el eje Alfonsín, Margarita, Binner. Lo demás no tiene sustentabilidad después del 24 de octubre. Nuestra potencialidad política está en un planteo de centro progresismo, mejorando lo que ofrece el kirchnerismo en términos de transparencia, apego a la república y austeridad. Si vamos con la derecha es posible que entre sumas y restas los números den menos que ahora, y que el partido pase ya a una etapa final de fragmentación y loteo regional sin ninguna orgánica nacional que contenga nada. Pasaríamos a constituir retazos de radicalismo: K por un lado, radicalismo federal por el otro, y fragmentos provinciales. Sería el final definitivo de la UCR.
—¿Qué pasó con Alfonsín y Binner que se prodigaban elogios todo el tiempo y de pronto se corta la relación?
—Diría que hay responsabilidades compartidas en esto que aparece fracturado, aunque sigo pensando que hay tiempo de subsanarlo. A Alfonsín le ofrecen apoyarlo otros candidatos que han decidido bajarse de una candidatura presidencial. Y eso fue una decisión de los demás, Alfonsín no tiene responsabilidad de que los otros se bajen. Por supuesto que aceptar o no ciertos apoyos condicionará el perfil del proyecto Alfonsín presidente. Digamos también que Binner dilató demasiado su vocación, y hasta el día de hoy no dijo “sí, quiero ser”. Y eso es determinante, el amague, la ambigüedad de Binner terminó por deteriorar este acuerdo, que no puede posponerse más allá de las próximos 20 días. Porque hay presentar las alianzas para mediados de junio.
—Usted dice, Binner nunca dio un claro “quiero ser”, y Ricardo Alfonsín, sí. Hermes, a su vez, dice que espera el resultado de la interna del 22 de mayo.
—De todos modos , el juego confuso de Binner va más allá de la interna. Una definición a favor del “quiero ser” hubiera facilitado las cosas. Incluso más allá de los lugares de la fórmula o el armado del frente. Pero Binner no lo hizo.
—Mas allá de Binner, la pregunta es por qué Ricardito se encamina a una alianza con la derecha, que cambia el perfil político de la oferta radical.
—Entiendo que hay dirigentes radicales que se dejan encandilar por una supuesta numerología. Pero yo no veo esos números, en especial en la provincia de Buenos Aires, donde se concretaría esa alianza con De Narváez. Los que piensan que el Colorado conserva los 2,3 millones de votos que sacó en 2009 creo que se equivocan. La dupla Cristina-Scioli en la provincia de Buenos Aires esta vez tendrá una gran contundencia, no hay que ser muy despierto que para darse cuenta que el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires estará muy sólido. Y la consolidación de Scioli y Cristina se da por la recuperación del voto que se fue a De Narváez.
—Usted preanuncia que De Narváez no tendrá los votos que algunos calculan, o que no serán transferibles a Alfonsín, pero también es cierto que el frente con Margarita y con Binner tampoco garantiza una elección que coloque a su fuerza, al menos, en un ballottage.
—Un frente progresista cuenta con gran fuerza simbólica, que por ahora no se expresa en las encuestas, pero que estará. Además, nosotros protegeríamos el activo radical, sobre todo en oportunidad de usar nuestra bala de plata: el nombre Alfonsín. El frente progresista es una fuerza valiosa, que nos permite seguir trabajando, en cambio, un frente con la derecha sería una fuerza “bruta” que nos conduciría a una catástrofe.
—Con los precandidatos conservadores en retirada ( Cobos, Sanz, Macri), ¿no cree que Alfonsín pasó a ser el candidato de las corporaciones?
— Alfonsín no se va a prestar a una conspiración de la derecha con su candidatura como emblema. l





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