La presidenta Cristina Kirchner permanecía esta mañana recluida en su habitación del piso 54 en el hotel Mandarín, de Nueva York, con la única asistencia de su secretario Legal y Técnica, Carlos Zannini, y, para la cuestión Irán, del canciller Héctor Timerman.
Pese a su áspera relación con la prensa, supo Clarín que la Presidenta sigue minuto a minuto las noticias aquí y en Buenos Aires. Está a la espera de la reacción de Washington por sus críticas al FMI, y atenta y a disgusto con el cacerolazo contra ella en Nueva York y contra Guillermo Moreno en Buenos Aires. De hecho, ya sabe bien que en Harvard, actuales y ex alumnos de la influyente universidad prometieron alguna protesta en persona. En los foros online de la institución han escrito comentarios negativos a su presencia y también enviaron cartas a las autoridades con opiniones negativas sobre la visita.
Entre tanto, se informó que la mandataria no tuvo actividad privada fuera del hotel, aunque tal vez ello no se sepa, o se sepa más tarde, como ocurrió con su caminata por el Central Park. Cristina entre y sale del hotel por una cochera de la parte trasera.
Por el Mandarín sí se lo ve ir y venir a Zannini, también muy a disgusto siempre con que la prensa lo aborde, aunque suele ser más cortés con las periodistas que con los periodistas. El lobby del hotel está lleno de funcionarios y turistas de alto poder adquisitivo. Varias veces se lo vio al rey de Jordania y entre los pocos argentinos, al empresario Alan Faena que apareció, como siempre, vestido de blanco, con sombrero de paja y anteojos oscuros y dijo estar aquí por negocios. Cristina regresa esta noche a la Argentina.




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