Si hay algo que no se le puede criticar a Scioli es su voluntad para cambiar tácticas aunque esto represente fuertes contrastes y hasta alguna incoherencia con respecto a las últimas elecciones.
El fuerte contraste se registra ahora, con algunas circunstancias y datos de la realidad protagonizada por Daniel Scioli. Desde su felicitación a un rival como Miguel Del Sel y la reverencia a una cultura de los dirigentes huérfanos de origen y trayectoria política tradicional como Carlos Reutemman, Ramón Ortega y los ejemplos podrían continuar.
Las felicitaciones al cantante y ex Midachi podrían tener algún derecho a la defensa basado en la propia amplitud que suele tener Scoli y su voluntad de evitar la contradicción "amigo-enemigo" que tienen muy internalizada, hoy por hoy, en la Casa Rosada.
Sin embargo, todo indica que no se trató de un episodio aislado, sino el inicio de un cambio en la actitud de Scioli por mostrarse más "independiente" y de Cristina Fernández, como si se hubiera abierto alguna competencia o carrera individual entre ambos de cara a las primarias del 14 de agosto.
Un contenido para una interpretación más profunda tiene su apoyo, sin previa consulta a la referente máxima del proyecto nacional, al candidato a gobernador de Córdoba, José Manuel De La Sota, más allá de que éste último evalúe al día de hoy un apoyo explícito a Eduardo Duhalde.
Más allá de estos gestos, que han sido muchos en una semana -para un Scioli que nos tiene acostumbrado a la prudencia- hay otro que resalta que es su autonomía de una dependencia de la figura de Cristina Fernández de Kirchner, justo un par de semanas antes de las elecciones primarias.
Se justifica tan sólo en lo legal la aparición de Spot publicitarios donde para nada se menciona a la Presidente. La nueva ley de Servicios Audiovisuales establece la publicidad exclusiva por categorías, promocionando la figura del candidato a intendente o para gobernador, por ejemplo.
Sin embargo, esto no exime de una publicidad gráfica o en la vía pública donde se permita exhibir a todo el potencial del oficialismo en su conjunto. Sin embargo, las iniciales DS han sido un emergente exclusivo en varias ciudades y paseos públicos, con señales de ausencia de la candidata a la reelección para gobernar al país por cuatro años más.
La primera sensación, que aparece como forma de explicación es que todo resulta un reflejo que se presenta en dos especies: como consecuencia de las derrotas en Ciudad Autónoma y en Santa Fé y como consecuencia de un daño causado con la composición de la fórmula y de las listas a nivel provincial.
La otra conjetura también está relacionada con un daño, pero de carácter interno. La incorporación de Gabriel Mariotto a la fórmula provincial, como una suerte de comisario doctrinario o las listas con menos referentes del sciolismo que los esperados pudo haber generado la gota que terminó por derramar la copa.
La tercera hipótesis tiene que ver con algo más vinculado al posicionamiento con respecto a los próximos años. Si Scioli saca más votos que Cristina en la Primaria o en la General termina de consagrarse como un paradigma kirchnerista o poskirchnerista. Para estos tiempos parece que ya no hay problemas con esa diferenciación.
Como ya se sabe, el gobernador rearmará su gabinete en base a la contención política de los excluidos de Cristina, como forma de desafío subyacente. Eso implicará armados de estructuras y disputas de territoriio para dentro de dos y cuatro años.
Por eso se apuesta entonces al electorado parakirchnerista dentro del peronismo y al voto independiente donde se supone que el mandatario provincial saca más ventaja.
Podría convertirse en una suerte de importante emblema de poder por si el kirchnerismo se devalúa o, como único referente para un peronismo que sigue convirtiéndose en un jeroglífico polsémico a partir de sus distintas candidaturas.
El gran problema para Scioli será administrar ese poder resultante, si todo le sale bien en las elecciones.
El mandatario suele tener un problema con esa cuestión. Le gusta ganar elecciones, pero luego desiste de la responsabilidad de erigirse en el gran conductor de aquello que genera. Así se lo han hecho saber sus segundas líneas o sus seguidores en la Legislatura, en más de una ocasión.
El peligro es que entonces aparezcan candidatos a “rasputines” o gestionadores del poder detrás del trono que hagan su agosto sin merecerlo. En esa perspectiva es que se deben leer las varias disputas intestinas de gabinete que han trascendido a la opinión pública.
El asunto pasa por repartirse a futuro un poder de cuatro años que para Scioli está más que claro, más allá de que debe pasar dos exámenes electorales.





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