El gobierno bonaerense afrontará sus compromisos de pagos internacionales, pero no podrá salir al mercado en las condiciones actuales, y se verá privado de oxigenar sus finanzas
Los costos del default exceden al Gobierno nacional y llegan a las provincias que, afectadas por la incertidumbre financiera propia de la cesación de pagos (aunque ésta no sea voluntaria, como en 2001), ven más coartadas sus posibilidades de acceder a los mercados para hallar un respiro financiero que les permita avanzar en obras, o afrontar, precisamente, pagos de deudas anteriores.
Si las tasas para tomar crédito antes del 30 de julio eran consideradas usurarias por las jurisdicciones argentinas que pretendían salir al mercado, la situación empeoró desde la entrada en este estadio entre el Gobierno nacional y los fondos buitre.
Pocas horas después del cierre del plazo legal y de las extensas explicaciones del ministro de Economía, Axel Kicillof, con él a su lado, Cristina Fernández intentó atemperar el efecto holdouts con una catarata de anuncios, de los cuales se destacó el aumento a los jubilados. En la misma jornada, la Presidenta firmó la reestructuración de la deuda de 13 provincias con el Gobierno na-cional, entre ellas la de Buenos Aires.
En la administración bonaerense se esperaba con ansiedad la convocatoria a la ex-tensión del convenio, firmado anualmente durante los períodos anteriores, pero dividido por trimestre en 2014. De esta manera también se tiene con la rienda corta a jurisdicciones provinciales comprometidas con Nación, y sin cuyo perdón de pago verían comprometido su funcionamiento, como el caso de Buenos Aires, que además dejó de recibir hace tiempo ayuda extra.
El ahorro en el tercer trimestre por los servicios de deuda de la administración bonaerense con Nación alcanza los 903,8 mi-llones de pesos. Y en términos acumulados, en lo que va del año el ahorro llega a 2.853 millones de pesos. Un paliativo para las cuentas provinciales, al límite y destinadas casi en exclusividad a asegurar salarios.
El mayor oxígeno se esperaba de los mercados internacionales. Dólares frescos para posibilitar el avance de algunas obras, el inicio de otras y el reaseguro de no tener sobresaltos en los gastos corrientes en el marco de una economía nacional con síntomas de recesión a la vista.
El bono por 500 millones de dólares que la Provincia estuvo muy cerca de colocar el 8 de mayo, debe seguir a la espera de mejores condiciones, pero el contexto hoy es peor que aquel día, cuando se rechazó una tasa del 13 por ciento (Provincia pretende una no ma-yor del 12), y el tiempo se acorta.
Desde el propio gobierno se dijo que el bono, estructurado por los bancos BNP Paribas y Citibank, era conveniente colocarlo antes del 31 de julio, como para usar el dinero antes del cierre del ejercicio actual, sobre todo para mostrar antes de fin de año algunas obras que se pensaban hacer con parte del empréstito.
La fecha pasó y las condiciones empeoraron, pero desde el Ejecutivo niegan haber archivado la opción de salir al mercado. “La Provincia mantiene la idea de sacar un bono en caso de que se arregle la situación con los buitres”, fue la respuesta brindada desde el Ejecutivo ante la consulta de La Tecla. Y se agregó que “se va a emitir cuando estén las condiciones dadas”. Si bien Buenos Aires, como Estado, puede tomar deuda independientemente de la cesación de pagos del Gobierno nacional, el estar dentro de un país en default desmejora las condiciones, y las tasas son muy altas.
Aun cuando se repite que no correrán riesgos los salarios y el aguinaldo de diciembre de los empleados estatales, la falta de arreglo con los holdouts y el virtual de-fault de Argentina son un contratiempo para Daniel Scioli, quien insiste cada vez más en la necesidad de mostrar gestión de acá a diciembre, en la acelerada campaña presidencial.
El Gobernador habló en la reunión de voceros de tres períodos hasta las elecciones: el primero, para mostrar lo que se ha hecho en la gestión y que, estima, será de acá a di-ciembre; el segundo es el verano, su temporada alta; y el tercero, de marzo en adelante, con la carrera definitivamente en la recta final y de pura campaña.
Esas dos últimas etapas serán ya con el ejercicio financiero 2015 en marcha, pero para el resto de este año todo indica que deberá arreglarse con lo generado en las cuentas propias, con la única mano de Nación de perdonar los pagos provinciales de la que es acreedora, sin prácticamente chances de conseguir dólares del sistema financiero internacional, y esperando que la recaudación se mantenga, e incluso crezca. Tampoco es fácil si la tendencia de la economía es hacia la recesión, lo que afectaría directamente sobre el impuesto a los Ingresos Brutos.


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