La estrategia ganadora de Cristina Kirchner

Por Fernando Laborda

Hasta el más optimista dentro del oficialismo sabe que la alternativa de que Cristina Kirchner se imponga en octubre en la primera vuelta electoral con el 45 por ciento de los votos es prácticamente imposible. Eso equivaldría a repetir la performance de los comicios presidenciales de 2007, algo que suena muy difícil después de todo lo que sucedió en su gobierno, empezando por el conflicto con el campo, que le restó muchos apoyos de sectores productivos y medios urbanos que antes la respaldaron.

No suena tan descabellado, en cambio, que la Presidenta pueda alcanzar el 40 por ciento y obtener más de diez puntos de ventaja sobre su más inmediato perseguidor, lo cual la consagraría ganadora en la primera vuelta. Ese es el corazón de la estrategia electoral K.

Naturalmente, hay una tendencia del electorado a polarizar. Con casi un 50 por ciento de la ciudadanía que no simpatiza con el kirchnerismo, es lógico que, a poco tiempo de la hora de las urnas, gane terreno la hipótesis del mal menor para beneficiar a aquel candidato opositor percibido con más probabilidades de hacerle fuerza a Cristina Kirchner. De acuerdo con las encuestas de hoy, ese postulante podría ser Ricardo Alfonsín o Mauricio Macri, con la salvedad de que nada puede garantizarnos que éste sea el escenario dentro de ocho meses, que es una eternidad en la Argentina.

Pero ¿qué ocurriría si, como hoy, faltando un mes o pocas semanas de las elecciones presidenciales de octubre, no apareciera con claridad quién sería ese candidato opositor? ¿Qué ocurriría si, por ejemplo, Alfonsín y Macri llegaran cabeza a cabeza, con un apoyo de unos 25 puntos para cada uno, al tiempo que alrededor del 10 por ciento del electorado se dispersara entre Elisa Carrió y Fernando "Pino" Solanas? Este es el escenario con el que sueña el gobierno nacional: el de una atomización del voto opositor.

Claro que a la Presidenta podría dificultársele llegar a los 40 puntos para imponerse en ese hipotético caso. Sobre todo si Solanas hace una buena elección y le roba votos por izquierda al oficialismo.

Esta cuestión preocupa a la fracción gobernante y ha conducido a sobreactuar el reciente entredicho con los Estados Unidos. También explica el acuerdo que trata de concretar el kirchnerismo con Martín Sabbatella a través de las listas colectoras en Buenos Aires. Más que molestarlo a Daniel Scioli, el propósito de este intento es sumarle más votos a la Presidenta. Es razonable matemáticamente: cinco puntos que Sabbatella arrastre para Cristina Kirchner en la provincia son dos puntos en el orden nacional que podrían equivaler a un gol de oro.

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