Una puede ser casual, dos revela una intención; si hay tres, matate: es una estrategia.
El ataque del gobernador Juan Schiaretti por la falta de ayuda en la protección de los testigos del juicio a Videla, Menéndez y otros represores militares y policiales ya fue otra cosa, por el tono y por el tema: un golpe en el corazón de la simbología K. El ministro de Justicia de la Nación, Julio Alak, no tardó en contestar y el feriado navideño evitó que la discusión siga dando que hablar.
¿Cómo se pasó, casi sin escalas, del romance y la precandidatura de Schiaretti como compañero de fórmula de Cristina a esta nueva guerra de tensiones?
Hay quienes narran un motivo coyuntural: el enojo del gobernador por la exclusión de Córdoba de los planes de construcción de viviendas, tras la crisis en el Parque Indoamericano. Según cuentan, Schiaretti se reunió con el ministro de Planificación, Julio de Vido, y tras enterarse de que no había nada para Córdoba decidió tensar la cuerda. El ministro de Desarrollo Social, Juan Carlos Massei, le había puesto un número al pedido: 5.000 casas en 2011. No pareció casual que fuera el propio Massei quien pidiera en público que se separen las elecciones provinciales y nacionales: para aplicar la reforma política, como argumento formal; para no compartir boleta con Cristina, como razón electoral.
Es aquí cuando se llega al motivo estructural: el PJ cordobés cree que no tiene chances de retener su fortaleza electoral en el interior yendo con Cristina en una misma lista. Como está mal en Capital, drenar cualquier apoyo en las afueras de la Circunvalación lo dejaría casi fuera de carrera. “El gringo no va a votar a Cristina. Quiere a De la Sota, pero si va en la misma lista, va a votar a Aguad o a Juez, a cualquiera antes que a quien parezca un aliado de ella”, comenta un hombre cercano al poder provincial. Las encuestas hablan de una fuerte recuperación de la imagen de la Presidenta. Pero también dan cuenta de un núcleo duro antiK, especialmente arraigado en la zona de producción agrícola.
De allí que sea necesario para el peronismo cordobés producir la diferencia. Si el PJ gana el 3 de julio –hoy la fecha más probable de elección provincial–, aseguran que habrá tiempo para recomponer relaciones con la Nación y darle el 30 por ciento que necesita, de Córdoba, para complementar el Conurbano y asegurar la reelección de CFK. El propio DLS, arguyen, será el primer interesado en cumplir esa meta: sabe lo que es gobernar castigado por los K.







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