Con un estilo gerencial, Dilma se aleja de Lula

Con un estilo gerencial, Dilma se aleja de Lula
La mandataria exige firmeza y eficiencia a sus colaboradores

RIO DE JANEIRO.- La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cumplió ayer su primer mes en el poder, y en este corto tiempo ya ha logrado imprimirle a su gobierno un estilo propio, gerencial, serio, firme y eficiente, muy distinto del que tenía acostumbrados a los brasileños su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva.

"Había muchas expectativas con Dilma acerca de cómo la primera presidenta mujer gobernaría este país machista. Y ella, con su estilo técnico, formal y reservado, ha dado una demostración de gerencia que contrasta con el carácter populista, campechano y hasta desorganizado que tenía Lula", señaló a La Nacion Gaudencio Torquato, profesor de comunicación política de la Universidad de San Pablo.

Ya en su primer día de trabajo, la flamante mandataria marcó la pauta y sorprendió a sus subalternos al llegar al Palacio del Planalto antes de las 9 de la mañana. A ella le gusta comenzar sus días bien temprano y para las 9.30 tiene siempre pautada alguna reunión. Para Dilma, además, la puntualidad es sagrada, muy diferente de lo que sucedía con Lula, que solía llegar a las citas con hasta una hora de retraso, en muchos casos debido a su abultada agenda.

En sus primeros 30 días, Rousseff también ha tenido una agenda bien apretada, pero ella hace gala de respetar los horarios y no le gusta perder el tiempo. Eso quedó demostrado esta semana, con su primer viaje al exterior, cuando fue a la Argentina a entrevistarse con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En un principio, Dilma tenía programado llegar a Buenos Aires el domingo por la noche y reunirse con su par argentina el lunes a primera hora. Pero cuando se le explicó que a Fernández de Kirchner no le agrada comenzar sus actividades temprano, ella misma decidió que era preferible entonces quedarse en Brasilia trabajando -le gusta hacerlo los domingos- y volar el mismo lunes por la mañana.

Sin errores

Ministra de Minas y Energía, primero (2003-2005), y luego jefa de Gabinete de Lula (2005-2010), Dilma, economista de profesión, ex guerrillera que fue detenida y torturada durante la dictadura, es una rigurosa amante de los números; quiere ser informada de todos los detalles, demanda exactitud a su gabinete y ejerce una política de "error cero", que no admite equivocaciones.

"El sector empresarial de San Pablo está encantado con su perfil ejecutivo, productivo, con planificación, metas y controles establecidos a priori . Los recortes del gasto que anunció son justamente lo que el país necesita para esta etapa; hay que pagar las grandes cuentas que dejó Lula", apuntó a LA NACION un hombre de negocios paulista que requirió el anonimato.

Durante las inundaciones y deslizamientos de tierra en el estado de Río de Janeiro, que dejaron por lo menos 870 muertos -su prueba más dura hasta ahora-, de inmediato convocó a una reunión de gabinete y expertos, estudió la situación, diseñó un plan de acción rápida para asistir a los damnificados y también exigió un proyecto para montar un eficiente sistema de alerta y prevención de desastres naturales.

Además, en menos de 24 horas descendió sobre Nova Friburgo, la ciudad más golpeada por las torrenciales lluvias, donde, con el barro hasta las rodillas, prometió ayuda a la población.

Por otro lado, Dilma es muy poco dada a las apariciones públicas y a los contactos con la prensa, como hacía espontáneamente Lula. No le gusta que el gobierno hable en público con varias voces, y quien comete algún desliz es llamado para dar explicaciones. Así sucedió en su primera semana en la presidencia, cuando llamó para reprender al general José Elito Carvalho Siqueira, ministro jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, luego de que comentó que los casos de tortura durante la dictadura militar no deben ser vistos por Brasil como una cuestión de vergüenza sino apenas como un hecho histórico.

A diferencia de Lula, que resolvía los problemas tomándose su tiempo y con mucho juego político, Rousseff suele reaccionar de manera rápida y no admite negociar bajo presiones, como lo demostró cuando el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) -el principal aliado del Partido de los Trabajadores en la coalición gobernante- amenazó con apoyar un aumento del salario mínimo si no obtenía más cargos en la administración. Ella ejerció su autoridad públicamente y disolvió toda presión.

En su vida cotidiana como presidenta también marcó distancia de Lula. Ordenó cambiar los pesados muebles de su despacho por unos más livianos y de madera clara diseñados por Anna María Niemeyer (hija del legendario arquitecto que concibió el Planalto y toda Brasilia). Eligió una decoración austera, en la que se destaca un retrato de su única hija, Paula, y una imagen en madera de Santa Ana, reliquia del siglo XVIII creada en su natal estado de Minas Gerais.

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