Por: Fernando GonzalezSiempre es conveniente alejarse de las reacciones que genera Hugo Chávez en la Argentina. Simpático, pintoresco, un tanto bananero como para seducir a los sectores de izquierda y a cierta militancia nostálgica del kirchnerismo que lo adoptaron como una especie de hijo devaluado de lo que fue Fidel Castro en las décadas anteriores. Para estos grupos, las bravatas del venezolano contra el alicaído Barack Obama son parte de un folclore gratis que les encanta escuchar.
En cambio, Chávez le produce espanto a los sectores políticos más moderados de la oposición donde se lamenta que tanto derroche de verborragia latinoamericana se use para defender a Gadafi en Libia o a Ahmadineyad en Irán. Los empresarios se escandalizan por sus expropiaciones a compañías argentinas y la prensa le critica el hostigamiento a los medios de comunicación en su país.
Chávez provoca a todos y juega fuerte a favor de Cristina en el año electoral. Será por eso que la burocracia universitaria del kirchnerismo le otorgó ayer un premio para periodistas por la construcción de una cadena regional de noticias que acompaña sin chistar las políticas chavistas. Un espejo perfecto de aquello que pretenden los adeptos del patético periodismo militante financiado con fondos del Estado.



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