El sábado próximo pasado, dos menores alojados en el Centro de Contención de Batán fugaron sin que nadie pareciera alterarse por ello.
El lugar de alojamiento de estos menores en conflicto con la ley penal -no los llamemos delincuentes, por favor, que se sensibilizan- dio lugar a una serie de revelaciones aportadas por Gustavo Lorenzo, agente del Estado en dicho centro y delegado de ATE. Señalaba Lorenzo oportunamente: “La capacidad del centro es de 12 menores; sin embargo, los jueces siguen enviando jóvenes, que deben dormir, en el mejor de los casos, compartiendo la cama, o en colchones en el piso. Además, nos están enviando menores de real peligrosidad desde el Gran Buenos Aires, y nadie dice nada”.
Es un hecho que hay hoy un riesgo enorme para la sociedad en estos menores desbordados sin marco de contención que pululan por casi todo el país, y que constituyen un flagelo de moda a nivel global. Por aquí, en nuestro departamento judicial, la orden es “no toquen a los chicos”, o gansadas tales como “ningún pibe elige nacer delincuente”. No, claro, nacer no; pero hacerse sí: es una elección, y la toman cada vez más jóvenes.
De lo conversado con Gustavo Lorenzo surge claramente que la problemática podría acotarse enormemente, pero no; luego de la foto oficial, el comunicado de prensa de rutina, repetido adocenadamente por los medios locales, nada cambia. Es el caso del declamado programa “Envión”, anunciado por Gustavo Pulti y el titular de Desarrollo Social provincial, Baldomero Álvarez de Olivera.
El Programa de Responsabilidad Social Compartida “Envión” fue anunciado como un plan que busca incluir a jóvenes de entre 12 y 21 años que no estudian ni trabajan. En el acto se señaló que Mar del Plata es el primer distrito al que llega esta iniciativa orientada a revincular a los jóvenes y adolescentes.
Fue el inicio de la carnestolendas mediática. A este le siguió otro anuncio del propio Álvarez de Olivera, quien se apuntó a puro verbo: “el gobernador Daniel Scioli asignó recursos que serán destinados para la capacitación del equipo técnico que compondrá el Envión de Mar del Plata, como así también para las becas que percibirán los chicos que allí asistan y las reformas edilicias que sean necesarias realizar en el predio ubicado en Ayolas y Rondeau (Puerto de Mar del Plata), donde en breve comenzará a funcionar el programa”. ¿Alguien vio algo? ¿Alguien puede citar siquiera una acción de este envión, cuyo impulso no se advierte? Por supuesto que no, pero siguen los anuncios. Ya lanzados a la sucesión de “digo/publico/y disfruto de hacer la nada misma”, el 22 de enero de este año se repitió la ronda de anuncios felices (no los niños, sólo los anuncios) más el dispendio de recursos públicos en viajes, conferencias de prensa, etc.
La presencia en Mar del Plata de funcionarios policiales de Estados Unidos, Valencia (España), Bélgica, Uruguay y especialistas de la República Argentina, dio un dato evidente de lo poco que interesa la cuestión seguridad, léase, la vida de los argentinos. Nadie del Ejecutivo comunal, desde el Intendente hacia abajo, se hizo presente. Y digo esto sabiendo que muchos de los lectores dirán: “pero ¿cómo?, si Ariel Ciano estuvo…”; y agregarán: “yo vi la foto”. Sí, la foto estaba, pero lo que la foto no decía es que Ciano llegó tarde, casi una hora quince minutos después del inicio, y que, invitado a expresarse sobre el tema seguridad, señaló: “no, no, yo vine a escuchar”. Estos, ni envión.




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